Μάκης Μωραΐτης: Ἀσυνήθιστος ἔρωτας


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Μάκης Μωραΐτης


Ἀ­συ­νή­θι­στος ἔ­ρω­τας


12-Omikron-Hymnus_in_Romam_61_2ΛΗ ΤΟΥ ΤΗ ΖΩΗ ὁ Ἀν­τρί­κος Κου­ρού­κλης τὴν πέ­ρα­σε στὸ μα­κρό­στε­νο μπα­κά­λι­κό του. Ἀ­πὸ τὰ χα­ρά­μα­τα ἄ­νοι­γε τὸ μα­γα­ζί του, ἄ­να­βε τὸν ἕ­να καὶ μο­να­δι­κὸ ἀ­δύ­να­μο λαμ­πτή­ρα, φό­ρα­γε τὴν πο­διά του καὶ ἔ­πι­α­νε δου­λειά. Τὴν πόρ­τα ἄ­φη­νε ἀ­νοι­χτὴ τὰ κα­λο­καί­ρια, τὴν ξυ­λό­σομ­πα ἄ­να­βε τοὺς χει­μῶ­νες. Μό­νη του δι­α­σκέ­δα­ση νὰ με­τρά­ει τὰ λε­φτά, νὰ τὰ κά­νει μα­σού­ρι καὶ νὰ τὰ κρύ­βει.

       Μπῆ­κε ὁ χρό­νος βγῆ­κε ὁ χρό­νος καὶ ὁ Ἀν­τρί­κος ἐ­κεῖ, μό­νο νὰ βλέ­πει τὴ μιὰ τὰ νε­ρὰ τῶν βρο­χῶν νὰ τρέ­χουν στὴν κα­τη­φό­ρα, τὴν ἄλ­λη τὸν ἀ­γέ­ρα νὰ ση­κώ­νει σύν­νε­φα σκό­νης, σέρ­νον­τας ὁ ἴ­διος τὸ δε­ξί του πό­δι λό­γῳ τῆς ἐκ γε­νε­τῆς ἀ­να­πη­ρί­ας του. Γυ­ναί­κα δὲν εἶ­χε στὴ ζω­ή του, οὔ­τε γά­μο ἔ­κα­νε πο­τέ, μό­νο μιὰ ἀ­δελ­φὴ ποὺ τὴν ἔ­χα­σε ἀ­πὸ νω­ρίς.

       Καὶ ἦρ­θε ἡ φώ­κια στὸν Πα­ρα­λια­κὸ ἐ­κεῖ­νο τὸ χει­μώ­να. Με­ρό­νυ­χτα πολ­λὰ πή­γαι­νε κι ἐρ­χό­ταν σὲ ὅ­λη τὴν ἔ­κτα­ση τῶν ρη­χῶν νε­ρῶν, τὴ μιὰ νὰ σκού­ζει, τὴν ἄλ­λη νὰ μοι­ρο­λο­γᾶ. Πό­νο πο­λὺ ἔ­βγα­ζαν τὰ κρω­ξί­μα­τά της. Γιὰ κα­κὸ ση­μά­δι τὸ πῆ­ραν οἱ πε­ρισ­σό­τε­ροι καὶ ἔ­κα­ναν τὸν σταυ­ρό τους κα­θὼς περ­νοῦ­σαν ἀ­πὸ κεῖ, ἰ­δι­αί­τε­ρα βέ­βαι­α οἱ ψα­ρά­δες τῆς πε­ρι­ο­χῆς. Λὲς καὶ ἦ­ταν ἄν­θρω­πος, κοί­τα­ζε στὰ μά­τια ὅ­σους πλη­σί­α­ζαν ἐ­κεῖ­νο τὸ ση­μεῖ­ο τοῦ μώ­λου καὶ σὰν νὰ ζη­τοῦ­σε βο­ή­θεια γιὰ κά­τι ποὺ ἦ­ταν ἀ­προσ­δι­ό­ρι­στο. «Πρέ­πει νὰ ἔ­χα­σε τὸ παι­δί της», εἶ­πε κά­ποι­α καὶ αὐ­τὸ φά­νη­κε σὲ ὅ­λους ὡς ἡ πιὸ πι­θα­νὴ αἰ­τί­α.

       Ἀ­πο­με­σή­με­ρο ἦ­ταν ὅ­ταν κα­τέ­βη­κε στὸ μῶ­λο ὁ Ἀν­τρί­κος νὰ τὴν δεῖ κι αὐ­τός, ὕ­στε­ρα ἀ­πὸ τό­ση κου­βέν­τα ποὺ εἶ­χε γί­νει ἀλ­λὰ καὶ ἐ­πη­ρε­α­σμέ­νος ἀ­πὸ τὸν ἀ­πό­η­χο τῶν κρω­ξι­μά­των της ποὺ ἔ­φτα­ναν μέ­χρι τὸ μα­γα­ζί του. Τὴν βρῆ­κε σὲ πό­νο με­γά­λο καὶ τὴ συμ­πό­νε­σε. Πρώ­τη φο­ρὰ στὴ ζω­ὴ του ἔ­βγα­λε πρὸς τὰ ἔ­ξω συ­ναι­σθή­μα­τα ὁ Ἀν­τρί­κος, μά­λι­στα μό­λις τὸ συ­νει­δη­το­ποί­η­σε τα­ρα­κου­νή­θη­κε ἀ­κό­μη πε­ρισ­σό­τε­ρο. Κα­τέ­βη­κε στὸ μῶ­λο καὶ τὴν ἑ­πό­με­νη μέ­ρα, πρω­ὶ-πρω­ὶ μά­λι­στα, προ­τοῦ ἀ­νοί­ξει τὸ μα­γα­ζί. Τὸ σφί­ξι­μο ποὺ ἔ­νι­ω­σε, πρώ­τη φο­ρὰ στὴ ζω­ή του, δὲν ἤ­ξε­ρε πῶς νὰ τὸ χα­ρα­κτη­ρί­σει. Καὶ νὰ τοῦ ζη­τοῦ­σες νὰ στὸ ἐκ­φρά­σει μὲ λό­για σί­γου­ρα δὲν θὰ μπο­ροῦ­σε.

       Ἄλ­λα­ξε τὶς ἑ­πό­με­νες ἡ­μέ­ρες ἡ συμ­πε­ρι­φο­ρά του. Στὸ μα­γα­ζί του δού­λευ­ε ἀλ­λὰ χω­ρὶς μυα­λό. Αὐ­τὸ τὸ εἶ­χε χά­σει πλέ­ον, ἀ­φοῦ ὅ­λο τὴ φώ­κια σκε­φτό­ταν. Ἐ­πι­τέ­λους στὴν ἀ­κύ­μαν­τη ζω­ή του, ὁ Ἀν­τρί­κος εἶ­χε ἐ­ρω­τευ­τεῖ!

       Τὴν τρί­τη ἡ­μέ­ρα, χά­ρα­μα ὅ­πως πάν­τα, μὲ μιὰ ἀ­τμό­σφαι­ρα ποὺ ἔ­δει­χνε πὼς ὁ και­ρός της θὰ ἦ­ταν μουν­τός, μπῆ­κε ἕ­νας ἄλ­λος Ἀν­τρί­κος στὸ μα­γα­ζί του. Στὴν ὄ­ψη καὶ στὰ μέ­σα του.

       Μό­νο ποὺ αὐ­τὴ τὴ φο­ρὰ δὲν ἦ­ταν μό­νος του. Ὅ­ποι­ος πέ­ρα­σε ἔ­ξω ἀ­πὸ τὸ μπα­κά­λι­κό του ἐ­κεί­νη τὴν ἡ­μέ­ρα τὸν εἶ­δε νὰ ἔ­χει τὴ φώ­κια στὰ πό­δια του καὶ τρυ­φε­ρὰ νὰ τὴν τα­ΐ­ζει.


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Πηγή: Πρώτη δημοσίευση.

Μά­κης Μω­ρα­ΐ­της (Λη­ξού­ρι, 1951). Κι­νη­μα­το­γρά­φος, σκη­νο­θε­σί­α, με­λέ­τη, πε­ζο­γρα­φί­α. Σπού­δα­σε κι­νη­μα­το­γρά­φο στὸ Πα­νε­πι­στή­μιο τῆς Νέ­ας Ὑ­όρ­κης. Ἐρ­γά­στη­κε ἐ­πὶ σει­ρὰ ἐ­τῶν ὡς σκη­νο­θέ­της στὴν κρα­τι­κὴ τη­λε­ό­ρα­ση καὶ δί­δα­ξε σὲ σχο­λὲς κι­νη­μα­το­γρά­φου καὶ στὸ ΤΕΙ Φω­το­γρα­φί­ας Ἀ­θη­νῶν. Δη­μο­σί­ευ­σε πολ­λὰ βι­βλί­α γιὰ τὸν κι­νη­μα­το­γρά­φο, με­τα­ξὺ αὐ­τῶν: Ἡ ποι­η­τι­κὴ εἰ­κό­να (1987). Ὁ ποι­η­τὴς Ἀν­τρέ­ι Ταρ­κόφ­σκι (1996), Ἀ­κό­μη σοῦ χρω­στᾶ­με Νί­κο. Ἡ ζω­ὴ καὶ τὸ ἔρ­γο τοῦ Νί­κου Σταυ­ρί­δη (2001). Δη­μο­σί­ευ­σε τὴ νου­βέ­λα Τὴν ἡ­μέ­ρα ποὺ τὸ πο­τά­μι κα­τέ­βα­σε κυ­δώ­νια (1985) καὶ τὶς συλ­λο­γὲς δι­η­γη­μά­των Ὁ Μου­νέ­λης (2004) καὶ Μι­κρὲς ἱ­στο­ρί­ες ἀ­πὸ τὸ Λη­ξού­ρι (2015). Ἐ­ξέ­δω­σε τὰ κι­νη­μα­το­γρα­φι­κὰ πε­ρι­ο­δι­κά Σι­νε­μά (1978-1981) καὶ Κα­θρέ­φτης (1997-2001).



		

	

Alexios Mainas: Paradise Lost


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Alexios Mainas


Paradise Lost


08-Epsilon-603px-Barcley_custom_corsetsE_svgN 1994 TENÍA dieciocho años, era un neopilus Adán, un pequeño burgués en la flor de toda mi ambigüedad, y el último de mi pandilla en bailar el blues. Todo pasó en casa de un amigo, Takis, en un edificio de viviendas- desde el balcón de la quinta planta se veía al fondo el monte Himeto, y al otro lado estaba la ciudad como un invisible susurro mitológico.

       Todos los muchachos llevábamos gruesas monturas de pasta, que ahora se han vuelto a poner de moda después de diecisiete años, y habíamos formado un corrillo en el ancho sofá amarillento de cuero resbaladizo junto al carrito de las bebidas, negociando entre cuchicheos con cuál de las vecinas de Takis íbamos a bailar. Las guapas estaban sentadas al otro lado de la vida, en un charco de luz de una lámpara triple y aunque estaban riéndose a carcajadas, evidentemente llenas de vida y fogosidad, para nosotros eran compactas e inaccesibles como figuras de cera. Lo único que nos unía era el parqué.

       Agotado por las dificultades evidentes de no ser ya un niño, salí al balcón a fumar. Estaba solo y hacía frío. El cigarrillo no era todavía una excusa para charlar y entablar relaciones, como lo era pasear al perro, era una especie de apuesta o de demostración, un acto de fe en algo en lo que no creíamos, como sería más tarde la mili. Detrás de la pared lateral de la terraza, delante de la cocina, si te asomabas por encima del tendedero, se apreciaba un trozo triangular de Atenas, como un cementerio, con lucecitas de colores y con la queja acallada de los muertos. Me sentía conectado al rumor de la ciudad como al cordón umbilical. La Kipseli(1) de los primeros años no se divisaba entre las constelaciones desde este punto, tampoco la otra colmena a la sombra de la colina Licabeto, donde crecí en medio de bocinazos. Bien entrada la noche, cuando apagaba la luz podía imaginarme la respiración de millares de durmientes que subía a lo alto de la atmósfera como tiras de papel de arroz. No conocía a casi nadie. Por la noche solía soñar con semáforos, las encrucijadas de mi sueño estaban llenas de desnudos que llevaban chaquetas.

       Hubo un momento en el que se me acercó por detrás Tani (con i latina), una noruega Brunilda de ojos verdes a la que Takis conocía de otro edificio de apartamentos de verano en Fáliro(2). Quería bailar conmigo, me hizo una proposición inesperada, de una manera directa y a la noruega, pero me negué, porque sabía que tendríamos que abrazarnos sobre mi ya imperiosa anatomía. Aun así, se me acercó sin miedo, como si no hubiera terremotos en el quinto, como si no hubiera existido el Grito de Munch, me quitó el cigarrillo de la boca con un simple movimiento, echó una calada, lo tiró en la oscuridad sin preguntarme, envolvió el vestido verde de sus brazos lentamente por debajo de mi melena como pitones alrededor de mi nuca y selló para siempre, con un simple seductor meneo de caderas, en un blues de tres minutos sobre mi erección, bajo el eco azul de “Without you” detrás de los ventanales del salón y la distante gárgara de la ciudad, lo que significa supremacía. Y feminidad suprema.

       Pasaron los tres minutos. Mariah guardó silencio detrás del cristal. Tani corrió la cristalera y se perdió entre los fiordos de la cortina. La ciudad se quedó fuera.


(1) Barrio popular en el centro de Atenas cuyo nombre significa colmena.

(2) Barrio en la zona costera de Atenas.


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Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 30 de junio de 2013

Alexios Mainas (Atenas, 1976). Estudió Filosofía en la ciudad alemana de Bonn. Trabaja como traductor y escribe en las dos lenguas.

La traducción colectiva se ha realizado en el marco de la asignatura «Traducción literaria inversa del griego al español» del Máster en Traducción, Co­mu­ni­ca­ción y Mundo Editorial (Universidad Aristóteles de Salónica) impartida du­rante el curso 2015-2016 por Natividad Peramos Soler. Participaron los estu­di­antes: Anestopoulou Anna, Georgo­pou­lou Efi, Golfinopoulou Alexandra, Dimitropoulou Katerina, Kampyli Aspasia, Ka­ra­gian­nidou Kiriaki, Kiose Konstantina, Lambrou Natasa, Malakata Maria, Bakatsia Dimi­tra, Papaioannou Eustratía.



		

	

Nikos Yiftópulos: La señora de negro


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Nikos Yiftópulos

 

La señora de negro


05-L-Chronica_Polonorum_LA SEÑORA de negro miraba impacientemente la avenida a su izquierda, por si apareciera el autobús en esa tarde espesa. No tuvo que esperar mucho y cuando llegó, la puerta plegable se abrió silenciosamente delante de ella. El conductor brillaba tras el cristal, el sudor goteaba por su sien y su cara se deformaba cual vela derritiéndose en un candelabro. La señora dudó en poner el otro pie en el escalón. Del interior del autobús emanaba un fuerte olor a incienso. Miradas impacientes le cayeron encima como piedras. Le llamaron la atención sus camisetas blancas que colgaban de tirantes finos y le pareció como si se adentrara en un rosedal. El jardín la mareó. Bajó lentamente el pie y dejó que la puerta se cerrara. Podía esperar unos veinte minutos más para coger el siguiente. La chica con el móvil, que esperaba un poco más allá en la misma parada, había desaparecido. Movió impacientemente la mano por encima de su cabeza. La sonrisa que le había echado hace un rato, mientras esperaban calladas a que apareciera el autobús articulado, zumbaba como una avispa sobre su cabello de nieve. Giró la cabeza a la derecha y vio la parte trasera del autobús desaparecer lentamente tras la esquina. Los transeúntes se pararon a un lado y empezaron a santiguarse. Los que llevaban sombrero, se lo quitaron. Los que no, inclinaron la cabeza. Que Dios la tenga en su gloria, murmuraban alrededor. La sonrisa se echó a volar y en la parada refrescó.


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Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 13 de diciembre de 2013

Nikos Yiftópulos (Atenas, 1965). Ha asistido a seminarios de escritura creativa en el Centro Nacional del Libro de Grecia (E.KE.BI.).

La traducción colectiva se ha realizado en el marco de la asignatura «Traducción literaria del griego al español» del Máster en Traducción, Co­mu­ni­ca­ción y Mundo Editorial (Universidad Aristóteles de Salónica) impartida du­rante el curso 2016 por Gabriela Larrieux. Participaron los estu­di­antes: Elena Chatzikiriakou, Sofía Georgiadou, Paraskevi-María Krokidou, Konstantina Lazarou, Marianna Orfanidou, Katerina Pliaki, Matilde Simha, Magda Sopotinú, Anastasia Vakouftsí y Christos Vasileiadis. Revisión Konstantinos Paleologos.

 

Anna Griva: Una felicidad sencilla


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Anna Griva


Una felicidad sencilla


«EL MUNDO se ha llenado de locos. Unos se creen a sí mismos enviados de Dios, algunos cogen camino hacia el sur para saquear el mundo y otros anuncian el Juicio Final. Una vez, uno de esos locos de remate que circulan por el campo llegó hasta fuera de mi molino y se puso a golpear las aspas gritando que estaba matando a gigantes. Permanecí dentro, tenía trigo que moler. Sin embargo, si provocara daños, lo perseguiría con la pala. Estaba pensando en ello y me reía.

       Pero ahora ya no me puedo reír. El mal de la locura ha tocado también a mi puerta. Mi querida y única hija, Juana, ha empezado a ver espíritus y muertos que le dicen que baje a Egipto para vivir como San Antonio en tumbas y pozos, combatiendo las tentaciones. No sé ya qué pensar. Hoy en día, ya nadie codicia una felicidad sencilla, todos quieren convertirse en santos, héroes y reyes.»


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Fuente: Revista The book´s Journal, núm. 63, febrero de 2016.

Anna Griva (Atenas, 1985). Estudió Filología Griega en Atenas e Historia de la Literatura en Roma. Ha publicado tres poemarios, el último bajo el título de Ἔτσι εἶναι τὰ πουλιά (Así son los pájaros) (Gavriilidis, 2015). Publica poemas, traducciones y ensayos en varias revistas literarias.

La traducción colectiva se ha realizado en el marco de la asignatura «Traducción literaria inversa del griego al español» del Máster en Traducción, Co­mu­ni­ca­ción y Mundo Editorial (Universidad Aristóteles de Salónica) impartida du­rante el curso 2015-2016 por Natividad Peramos Soler. Participaron los estu­di­antes: Anestopoulou Anna, Georgopoulou Efi, Golfinopoulou Alexandra, Dimitropoulou Katerina, Kampyli Aspasia, Karagiannidou Kiriaki, Kiose Konstantina, Lambrou Natasa, Malakata Maria, Bakatsia Dimitra, Papaioannou Eustratía.

 

Stavroula Tsouprou: The interest or the ’phone call

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Stavroula Tsouprou

 

The interest or the ’phone call

(A true story)

 

01-Fiorty-five. Four for the decades and five for the years. For those units that fall once and for all each year, decreasing somewhat her stature – not only hers, of course, but everyone else’s; reducing the distance separating her from the ground, from the hospitable earth.

Forty-five. Strange – but again, not particularly, if you really think about it deeply – that these units, which are repeated in unchanging order to complete each decade, began after forty to burden her body and mind more, far more than in earlier days. The first was also a first great shock; but she got over it easily, because it was so near the beginning, almost the beginning itself. The second needed its own time in order to absorb the fact that middle age was here, present and merciless, but once again not too obvious. The third began to hum that the illusions are almost over and that we’re heading steadily towards the climax and therefore towards life’s downward path. The fourth, as if decided for some time now, predisposed one slowly but surely for the taste of bitterness, of the bitter awareness that many others are and look younger, are and look more desirable, and have and seem to have more time to fulfil themselves; provided they want to.

        The telephone rings, at a rather inconvenient moment, obliging her to stop the querulous counting and, after checking the caller, to pick up the receiver.

        — Hello.

        — Mrs Angelica?

        — Yes, she answered blandly. The caller identification be­fo­re­hand and now the professional politeness prepare her for yet another one-minute conversation.

        — How are you, Mrs Angelica, my dear? Are you well?

        The question, and mainly the way it was asked, somewhat took her aback. Even though the direct, personal, almost friendly address of today’s tele promoters of all manner of products and services had by now become an expected and explicable advertising strategy, the warm interest shown by the specific question and its surprising tone were rather unusual. So, was professional politeness evolving into nobility of soul? She found that difficult to believe.

        — “Where does the familiarity come from?” she thought to ask, but immediately regretted it. Instead, a much more irritating phrase passed immediately from her mind to her mouth.

        — The truth is, I haven’t been feeling too well recently.

        — But why? the tele promoter was obliged to continue the show of interest.

        — I’ll tell you – I assume you’ve got a little time to spare. But first, allow me to ask you a question. How old are you?

        — Twenty-six.

        — Married?

        — Newly-married, in fact.

        — A, how nice! I wish you well!

        — Thankyou!

        — So, you don’t have children. Or perhaps you had one of those wedding-cum-christening celebrations that are so popular nowadays?

        — Ha, ha.

        — You’re laughing, are you?

        — Yes, I’m laughing. It’s just, you know … I called you in order to tell you about a cheap package …

        — Yes, of course. I know, she interrupted her. They’ve told me before about such things. I wasn’t particularly interested then. But, you never know. Today you might persuade me, she added deviously.

        — Well …

        — Well, you didn’t answer me. Do you have children or not?

        — Not yet. So, about the package …

        — We’ll talk about the package too. You gave me the impression, Miss … Mrs … forgive me, you gave me, how to say, the impression, at the beginning of your call, correct me if I’m wrong, that you had a more personal interest. I must have been fooled …

        — No, no, you weren’t fooled.

        — On the other hand, now I come to think of it … Why would you have a more personal interest in me specifically? Since you don’t know me.

        — No, I don’t know you. But we’re interested in all our customers or, let’s say, potential customers. You understood correctly.

        — A, that’s good. Your customers are lucky.

        — I’m hoping that you too will become one of our customers. So, our company …

        — Oh no, not your company again, she reproached.

        — But that’s my job, the tele promoter replied meekly.

        — So, since that’s your job, Miss, Mrs, excuse me, please keep to it. And stop taking us in with your false interest – she pretended to be indignant. And she continued, raising the tragic tones of her acting talent (because, apparently, she had talent): I believed you, you know.

        — And quite right too. But the time we have for telephone calls is limited.

        — So, you’d like us to meet somewhere? For a coffee?

        A fiendish idea. The other woman must have been cornered good and proper. How much did she want to sell that damn cheap package?

        — Why not?

        — Unless you think I’m an old woman. I’m 45.

        — Old woman? What do you mean? Our package …

        — O, stop babbling on about your package.

        She hadn’t managed to finish her pretended indignant phrase, when she realized she’d been cut off at the other end. Her caller had become indignant – but truly so.

           Never mind. Twenty-six. Only two for the decades and six for the years. She’s plenty of time to get over it.

Translated by: Alexandra Doumas
 
 Source: And Tomorrow is Now (εκδ. Ρώμη, 2016)

Stavroula Tsouprou (Athens) holds a doctorate in Greek Literature from the National and Capodistrian University of Athens, as well as language diplomas in English, French, Italian, German and Spanish. Systematically involved with Literature Theory, she has published studies on earlier and contemporary prose-writers and poets. She is a regular contributor to the daily and periodical press. Three volumes of her essays have been published: Tasos Athanasiadis:”With the eyes of our generation”The “childis” stories of Cosmas Politis and Trial Readings. Her first fictional work is the collection of short stories They’re looking at you (Grigoris Editions 2013)

 

Πρόδρομος Χ. Μάρκογλου: Ἠ­λί­ας Χ. Πα­πα­δη­μη­τρα­κό­που­λος

 


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Πρόδρομος Χ. Μάρκογλου


Ἠλίας Χ. Παπαδημητρακόπουλος


01-BitaΓΑΖΕΙ τὴ στρα­τι­ω­τι­κή του στο­λή, ἐ­πι­στρέ­φει καὶ πά­λι στὸν ἑ­αυ­τό του. Κα­τε­βαί­νει στὸν μι­κρὸ κῆ­πο, πε­ρι­ποι­εῖ­ται τὰ φυ­τὰ καὶ τὰ φτω­χὰ ἄν­θη τῆς Μα­κε­δο­νι­κῆς γῆς.

       «Εἶ­ναι σὰν μιὰ ἀ­πο­το­ξί­νω­ση», λέ­ει.

       Με­τὰ πλέ­νει τὰ χέ­ρια, βγά­ζει τὴ φόρ­μα, κλεί­νε­ται στὸ μι­κρὸ σκο­τει­νὸ δω­μά­τιο. Δι­α­βά­ζει, ἐ­πι­τέ­λους, μὲ ἡ­δο­νὴ τ’ ἀ­γα­πη­μέ­να του βι­βλία.

       Γρά­φει, κά­πο­τε, τὸ πρῶ­το του δι­ή­γη­μα «Οἱ Φρα­κα­σά­νες».


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Πηγή: ἀπὸ τὴν συλλογὴ πεζῶν Κείμενα μικρῆς πνοῆς (ἐκδ. Κέδρος, 2009).

Πρό­δρο­μος Χ. Μάρ­κο­γλου (Κα­βά­λα, 1935). Ποί­η­ση, Δι­ή­γη­μα. Οἱ γο­νεῖς του ἦ­ταν πρό­σφυ­γες ἀ­πὸ τὴν Καπ­πα­δο­κί­α καὶ τὸν Πόν­το. Τὸ 1944 χτυ­πή­θη­κε ἀ­πὸ γερ­μα­νι­κὴ χει­ρο­βομ­βί­δα καὶ ἔ­χα­σε τὸ ἀ­ρι­στε­ρό του χέ­ρι. Σπού­δα­σε στὴν Ἀ­νώ­τα­τη Σχο­λὴ Οἰ­κο­νο­μι­κῶν καὶ Ἐμ­πο­ρι­κῶν Ἐ­πι­στη­μῶν Ἀ­θη­νῶν. Ἀ­πὸ τὸ 1971 ζεῖ στὴ Θεσ­σα­λο­νί­κη. Πρω­το­εμ­φα­νί­στη­κε στὰ γράμ­μα­τα στὴν Κα­βά­λα, τὸ 1962, μὲ τὴν ποι­η­τι­κὴ συλ­λο­γὴ Ἔγ­κλει­στοι. Ἀ­κο­λού­θη­σαν οἱ ποι­η­τι­κὲς συλ­λο­γὲς Χω­ρο­στάθ­μη­ση (Κα­βά­λα, 1965), Τὰ κύ­μα­τα καὶ οἱ φω­νές (Θεσ­σα­λο­νί­κη, 1971) κ.ἄ. Συγ­κεν­τρω­τι­κὴ ἔκ­δο­ση: Ἔ­σχα­τη ὑ­πό­σχε­ση (1958-1992) (ἐκδ. Νε­φέ­λη,  1996). Δη­μο­σί­ευ­σε καὶ τὰ πε­ζὰ Ὁ χῶ­ρος τῆς Ἰ­ω­άν­νας καὶ ὁ χρό­νος τοῦ Ἰ­ω­άν­νη (ἐκδ. Ἐ­γνα­τί­α, 1980), Στα­θε­ρὴ ἀ­πώ­λεια (δι­η­γή­μα­τα, ἐκδ. Κα­στα­νι­ώ­τη, 1992), Σπα­ράγ­μα­τα (νου­βέ­λα, ἐκδ. Νε­φέ­λη,  1997), Δι­έ­φυ­γε τὸ μοι­ραῖ­ον (δι­η­γή­μα­τα, ἐκδ. Νε­φέ­λη, 2003) κ.ἄ.

 

Εἰκόνα: Ἠλίας Χ. Παπαδημητρακόπουλος. Σεβαστείας 27, Νέα Σμύρνη, 3 Μαρτίου 2010 (φωτογραφία: Γιάννης Πατίλης).



		

	

Elisavet Grigoriadu: El pupitre al revés


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Elisavet Grigoriadu


El pupitre al revés


01-KappaIRANÓS y Laguretos le habían dado la vuelta al pupitre y lo sostenían sobre sus muslos, cuando entré en clase.

       Cinco pupitres a la izquierda, cinco a la derecha y en el medio el undécimo. Veintidós alumnos en quince metros cuadrados.

       Los alumnos que se sientan en los tres últimos pupitres no pueden salir, si no se mueve el pupitre del medio. Unas veces hacia un lado, otras, hacia el otro.

       De pelo denso y rizado Kiranós, de cara redonda como la luna Laguretos, los dos están obviamente cansados de hacer de porteros.

       Apañáoslas con las aulas que tenemos», dice el Director.       

       Una y treinta del mediodía, séptima hora de clase y tengo que ver qué recuerdan acerca de la inflación, para seguir con el desempleo.

       Silencio. Veo la expectación en todas las miradas. ¿Qué voy a hacer?

       «El pupitre al revés es una muy buena idea», digo agachando la cabeza para abrir el libro de clases. Anoto fecha, hora y página en la que estoy.


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Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 3 de marzo de 2012.

Elisavet Grigoriadu (1964). Estudió Derecho en la Universidad Aristóteles de Salónica. Sus cuentos han sido publicados en las revistas Pandora (no 21) e Intellectum (no 4, 6 y 7).

La traducción colectiva se ha realizado en el marco de la asignatura «Traducción literaria inversa del griego al español» del Máster en Traducción, Co­mu­ni­ca­ción y Mundo Editorial (Universidad Aristóteles de Salónica) impartida du­rante el curso 2015-2016 por Na­ti­vi­dad Peramos Soler. Participaron los estu­di­antes: Anestopoulou Anna, Georgo­pou­lou Efi, Golfinopoulou Alexandra, Dimitropoulou Katerina, Kampyli Aspasia, Karagiannidou Kiriaki, Kiose Konstantina, Lambrou Natasa, Malakata Maria, Bakatsia Dimitra, Papaioannou Eustratía.

 
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