Yanis Nikoloudis: No sé



Yanis Nikoloudis


No sé


EL AÑO PASADO llegué aquí. Me lo digo con frecuencia a mí mismo para acordarme. Porque aquí olvidas fácilmente. Olvidas qué quieres hacer. Olvidas si tienes algo que hacer. Olvidas que olvidas.

       Una aturdida extensión de pinos y eucaliptos se despliega en lo alto del antiguo aeropuerto alemán en el extremo oriental de la población. Lo construyeron, dicen, los nazis tras la batalla de Creta. Centinelas duermen en puestos clave, en almacenes de armamento, en estaciones de combustible. En días claros despegan y aterrizan aviones de combate. Se estremece la modorra del lugar. Borrachos salen de los kafeníos y divisan los aviones al fondo de un cielo incoloro.

       «Van a caer comandos, allá por Kaliva tu Laú», dice.

       «¿Maniobras?»

       «Sí. Cada año pasa lo mismo».

       «Me ha enviado para que me dé usted el recibo».

       «¿Qué recibo?»

       Se tambalea. Cordones de saliva le empapan el jersey. Un fajo de facturas levitan como frenéticos lepidópteros en el aire que levanta un calefactor. «¿Qué recibo?», vuelve a decir.

       «Me paso en otro momento», le digo.

       Una gata está extendida como una calcomanía en el asfalto pro­vi­nci­a­no. Alguien le ha metido en la boca abierta un pequeño tomatito. Las vísceras se las limpia una lluvia plácida. Cuando estaba viva la llamaba Azucarada. Maullaba como un desprendimiento de azúcar. No recuerdo cuándo la atropellaron.

       «¿Te lo ha dado?», me dice cuando entro.

       «Pues, no».

       «¿Por qué?»

       «No sé».

       «¿Qué era lo que tenía que darte?»

       «No me acuerdo».

       «¿Y por qué no te lo ha dado?»

       «Pues…»

       Blasfema. Golpea las manos en la mesa. «Maldita sea, no eres capaz de hacer nada». Maldice a diestro y siniestro. Toma café y vuelve a maldecir. Y luego: «¿Qué era lo que tenía que darte?».

       «¿Lo llamo y le pregunto?»

       «Sí, llámalo».

       No me acuerdo de su número. Y nuestro teléfono está cortado. Se lo digo.

       «No importa», dice.

       El crepúsculo oscurece el lugar y la operación aérea se hace un ojal bajo el rojo.

       «Jefe, nos vemos mañana».

       «Adiós».

       Tal vez esta noche cojo y me voy. En cuantito me acuerde de dónde vengo, será lo primero que haga.



Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 10 de mayo de 2013.

Yanis Nikoludis (Creta, 1989). Publica sus cuentos en revistas electrónicas.

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.


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