Λί­α Με­γά­λου-Σε­φε­ριά­δου: Μά­θη­μα ἀ­νά­γνω­σης



Λί­α Με­γά­λου-Σε­φε­ριά­δου


Μά­θη­μα ἀ­νά­γνω­σης


ΤΑΝ ΦΘΙΝΟΠΩΡΟ τοῦ 1948, σὲ μιὰ ἐ­παρ­χια­κὴ πό­λη τῆς Ἑλ­λά­δας, ὅ­ταν ἕ­να μι­κρὸ ἀ­γό­ρι πρω­το­πῆ­γε σχο­λεῖ­ο μὲ πλά­κα καὶ κον­τύ­λι. Κά­θε με­ση­μέ­ρι, γυρ­νών­τας σπί­τι, περ­νοῦ­σε ἀ­πὸ τὸ κα­φε­νεῖ­ο τῆς γει­το­νιᾶς. Ἡ μη­τέ­ρα του εἶ­χε πα­ρα­κα­λέ­σει τὸν κα­φε­τζῆ νὰ τοῦ δί­νει τὴν ἄ­χρη­στη ἐ­φη­με­ρί­δα τῆς πε­ρα­σμέ­νης μέ­ρας, «γιὰ νὰ ἐ­ξα­σκεῖ­ται τὸ παι­δὶ στὴν ἀ­νά­γνω­ση».

       Ἀ­πὸ τὸν και­ρὸ ποὺ ὁ πα­τέ­ρας εἶ­χε ὁ­δη­γη­θεῖ στὴ φυ­λα­κή, δὲν ὑ­πῆρ­χε κα­νεὶς ἄλ­λος στὸ σπί­τι ποὺ νὰ γνω­ρί­ζει γράμ­μα­τα. Μὰ τὸ μι­κρὸ ἀ­γό­ρι, χά­ρη στὴν ἐ­φη­με­ρί­δα τῆς πε­ρα­σμέ­νης μέ­ρας, ἔ­μα­θε μέ­χρι τὰ Χρι­στού­γεν­να νὰ δι­α­βά­ζει νε­ρά­κι.

       Σύμ­φω­να μὲ τὴν ἐ­πι­θυ­μί­α τῆς μη­τέ­ρας του, πρώ­τη δου­λειὰ μό­λις ἔ­φτα­νε σπί­τι, ἦ­ταν νὰ τὴν ἀ­νοί­ξει στὴ δεύ­τε­ρη σε­λί­δα καὶ νὰ δι­α­βά­σει με­γα­λό­φω­να τὸν κα­τά­λο­γο μὲ τὰ ὀ­νό­μα­τα τῶν ἐ­κτε­λε­σμέ­νων. Ὅ­ταν τε­λεί­ω­νε, ἡ μη­τέ­ρα καὶ ἡ για­γιὰ ἔ­κα­ναν τὸν σταυ­ρό τους. Τὰ μι­κρὰ ἀ­δέρ­φια του συ­νέ­χι­ζαν νὰ παί­ζουν.

       Στὸ τέ­λος τῆς σχο­λι­κῆς χρο­νιᾶς, ὁ ἔ­λεγ­χός του στὸ μά­θη­μα τῆς ἀ­νά­γνω­σης ἔ­γρα­φε δέ­κα μὲ τό­νο. Στὴ γι­ορ­τὴ ποὺ ἀ­κο­λού­θη­σε, ἀ­νέ­βη­κε σ’ ἕ­να σα­νι­δέ­νιο βῆ­μα καὶ ἀ­πήγ­γει­λε φαρ­σὶ τὸ ποί­η­μα «Τί εἶ­ν’ ἡ πα­τρί­δα μας…»

       Οἱ κα­λο­και­ρι­νὲς δι­α­κο­πὲς περ­νοῦ­σαν μὲ σφεν­τό­νες, πε­τρο­πό­λε­μο καὶ κα­θη­με­ρι­νὴ ἀ­νά­γνω­ση τῆς δεύ­τε­ρης σε­λί­δας. Τὴν τε­λευ­ταί­α μέ­ρα τοῦ Αὐ­γού­στου χτύ­πη­σε ἡ ἐ­ξώ­θυ­ρα. Μιὰ γει­τό­νισ­σα, ποὺ εἶ­χε ρα­δι­ό­φω­νο, ἦρ­θε τρέ­χον­τας νὰ τοὺς φέ­ρει τὰ κα­λὰ μαν­τά­τα : «Τε­λεί­ω­σε ὁ πό­λε­μος! Στα­μα­τοῦν οἱ ἐ­κτε­λέ­σεις! Τὸ εἶ­πε τὸ ρά­διο!»

       Ἡ μη­τέ­ρα ἀγ­κά­λια­σε σφι­χτά τὸ μι­κρὸ ἀ­γό­ρι κι ἔ­πει­τα χώ­ρε­σε στὴν ἀγ­κα­λιά της ὅ­λα της τὰ παι­διά. Ἡ για­γιὰ ἔ­βα­λε τὴ χύ­τρα στὴ φου­φού, γιὰ νὰ ἑ­τοι­μά­σει χαλ­βα­δο­κου­τα­λι­ές, νὰ κε­ρά­σει τὶς γει­τό­νισ­σες.

       Τὸ ἄλ­λο με­ση­μέ­ρι τὸ μι­κρὸ ἀ­γό­ρι πέ­ρα­σε ὅ­πως πάν­τα ἀ­πὸ τὸ κα­φε­νεῖ­ο. Οἱ τί­τλοι τῆς ἐ­φη­με­ρί­δας ἐ­πι­βε­βαί­ω­ναν τὶς ρα­δι­ο­φω­νι­κὲς εἰ­δή­σεις. Ὁ ἐμ­φύ­λιος εἶ­χε τε­λει­ώ­σει.

       Ἀ­πὸ συ­νή­θεια τὸ παι­δὶ γύ­ρι­σε σε­λί­δα κι ἀν­τί­κρι­σε τὸν κα­τά­λο­γο μὲ τὶς τε­λευ­ταῖ­ες ἐ­κτε­λέ­σεις. Ἄρ­χι­σε νὰ δι­α­βά­ζει ἄ­νε­τα, κα­θα­ρά, μὲ ἄ­ρι­στη ἄρ­θρω­ση, ὥ­σπου ἔ­φτα­σε στὸ δι­κό του ἐ­πί­θε­το.



Πη­γή: Μι­κρο­κύ­μα­τα. 99+1 μι­κρο-δι­η­γή­μα­τα με­λῶν τῆς Ἑ­ται­ρεί­ας Συγ­γρα­φέ­ων, ἔκδ. Ἡ Ἐ­φη­με­ρί­δα τῶν Συν­τα­κτῶν, 04-06.01.2019.

Λί­α Με­γά­λου-Σε­φε­ριά­δου (Θεσ­σα­λο­νί­κη, 1945). Σὲ ἡ­λι­κί­α εἴ­κο­σι ἐ­τῶν με­τοί­κη­σε στὴν Ἀ­θή­να, ὅ­που καὶ ζεῖ μέ­χρι σή­με­ρα. Τὸ 1966 πρω­το­εμ­φα­νί­στη­κε στὸ πε­ρι­ο­δι­κό Ἐ­πο­χέ­ς τοῦ Ἄγ­γέ­λου Τερ­ζά­κη μὲ τὸ δι­ή­γη­μα «Ἕντεκα γράμ­μα­τα κι ἕ­να ὑ­στε­ρό­γρα­φο». Ξε­κί­νη­σε δη­μο­σι­ο­γρα­φι­κὴ κα­ρι­έ­ρα, ἡ ὁ­ποί­α δι­α­κό­πη­κε ἐ­ξαι­τί­ας τῆς δι­κτα­το­ρί­ας. Στὴ συ­νέ­χεια συ­νί­δρυ­σε τὸν ἐκ­δο­τι­κὸ οἶ­κο Ρόμ­βος καὶ τὸ ὁ­μώ­νυ­μο βι­βλι­ο­πω­λεῖ­ο. Τὸ 1972 ἐκ­δό­θη­κε τὸ πρῶ­το της βι­βλί­ο, μιὰ ποι­η­τι­κὴ συλ­λο­γὴ μὲ τί­τλο Ὁ Δρα­πέ­της στὸ Δέν­τρο. Ποι­ή­μα­τα καὶ πε­ζά της ἔ­χουν με­τα­φρα­στεῖ σὲ δι­ά­φο­ρες γλῶσ­σες. Ἐ­πί­σης ἔ­χει ἀ­σχο­λη­θεῖ μὲ με­τα­φρά­σεις βι­βλί­ων, κυ­ρί­ως κοι­νω­νι­κο­πο­λι­τι­κῶν. Τε­λευ­ταῖ­ο της βι­βλί­ο: Οἱ σα­ράν­τα τρεῖς σι­ω­πές (μυ­θι­στό­ρη­μα, Κέ­δρος, 2018).


		
Διαφημίσεις

Antonis Psaltis: Equipaje



Antonis Psaltis 


Equipaje


LONSO QUIJANO, quien acostumbraba hasta el último instante firmar con la A de su nombre dentro de un círculo, dirigió su postrera mirada hacia los recuerdos decorativos de su estival viaje a Barcelona; cerró y aseguró con llave, para siempre, la puerta del estudio de soltero, y con su mente libre y clara, sin las sombras oscuras que sobre él vertía la amarga y continuada lectura de los, tal y como él los caracterizaba, libros de caballerías, partió camino de su guardia, carcelero de cárceles, sabiendo ya que el siguiente lo hallaría tras haber apuntado a su corazón con la pistola de servicio. Y así sucedió. Sin nota. Sin explicación. Solo que por una rendija de sus ojos se reflejaban brillantes, aún, una lanza de madera y una bacía de azófar.



Fuente: revista The Book’s Journal, número 63, febrero de 2016.

Antonis Psaltis (Kraniá, Olimpo, 1977). Estudió Derecho y trabaja como abogado en Lárisa.

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.


Angeliki Sidirá: SOS desaparecidos II



Angeliki Sidirá


SOS desaparecidos II


RA DICIEMBRE cuando se perdió por primera vez. Finales de diciembre, al amanecer y nevando. ¿Dónde iría yo a buscarlo en la ciudad inmensa? Me dejé llevar por mi instinto y los pasos me condujeron a la vieja casa familiar, donde lo encontré mirando alrededor perplejo.

       ¿Cómo había recorrido tanta distancia casi desnudo y a pie? Regañé, me acuerdo, a mi pequeño padre, y me miraba asustado como niño travieso.

       En comisaría me recomendaron escribir con rotulador todos sus datos y mi teléfono sobre una tela y coserla en el bolsillo interior de su chaqueta. Pero ¿y si llenara su bolsillo de piedrecitas para que mi Pulgarcito encontrara el camino por sí mismo?

       Esto es lo que estaba pensando y no sé el tiempo que tardé en pasar el hilo por la aguja.

       Pero ahora todo eso ha pasado. De todos modos, mi padre al final encontró su camino.



Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 10 de febrero de 2016.

Angelikí Sidirá (Atenas, 1938). Ha trabajado en el Banco Nacional de Grecia y en el Ministerio de Relaciones Exterioras. Sus poemas se han traducido al francés, alemán e inglés, se han incluído en colecciones y se han publicado en periódicos y revistas literarias. Su primer libro fue Βραχνή Φωνή (1983) y su último Αμφίδρομη έλξη (2010).

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.



		

	

Yorgos Skambardonis: El vendedor de castañas de segundo de primaria



Yorgos Skambardonis


El vendedor de castañas de segundo de primaria


ICIEMBRE. Bajo por Tsimiskí; esquina con A­ri­sto­te­lous veo al vendedor de castañas del antiguo libro de Lectura de segundo de primaria, el dibujado por Yorgos Manousakis (algunos piensan, por error, que es un dibujo de Gramatópoulos), sentado en la esquina con su fogón asando castañas. Me paro vacilante frente a él. Lo miro con persistencia, detenidamente, y es él, él mismo, en persona. Le pido perplejo una bolsita. Coge hábilmente algunas castañas asadas con unas tenazas, las mete con cuidado en una pequeña bolsita de papel y me las da; saco dinero y le pago.

       Avanzo extrañado. Siento la palma de mi mano caliente por las castañas, como vientre de tórtola, cojo una, le quito su cáscara rajada, y mientras me la como, resoplando porque está ardiendo, veo de lejos al director del colegio que viene derecho hacia mí, al señor Papastratigópoulos, que nos daba en aquel entonces Gramática: severo, en su traje gris, rígido, sujetando una regla de madera. Llega a mi altura, se queda inmóvil, hosco, ve lo que llevo en las manos y me pregunta, golpeando con ritmo, amenazadoramente, la regla en la palma de su mano:

       «Skambardonis, ¿cómo se les llama a las castañas en griego an­ti­guo?»

       Mis piernas empezaron a temblar. Enmudecí. Tragué saliva.

       Me mira despectivamente y continúa:

       «Bellotas de Zeus. ¿Cincuenta y dos años han pasado y aún no lo has aprendido?»



Primera publicación: Νο­έμ­βριος (Ediciones Πα­τά­κης, 2014).

Yorgos Skambardonis (Salónica, 1953). Cuento, novela. Estudió Filología Francesa en la Universidad Aristóteles de Salónica. Su primer libro fue Μά­τι φώ­σφο­ρο, κου­μάν­το γε­ρό (Ediciones Κα­στανι­ώ­της, 1992). Su último libro es Πολύ βούτυρο στο τομάρι του σκύλου (Ediciones Πα­τά­κης, 2019). Sus cuentos han sido traducidos a varios idiomas.

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.



		

	

Élena Stringari: Buenos elementos



Élena Stringari


Buenos elementos


LEGARON inquilinos nuevos al piso de arriba. Desplazaban indecisos sus muebles por aquí y por allá, arrastrándolos por el suelo, por encima de mi cabeza. Trazaban unos sonidos horrorosos: «Grrrr» hacían las piezas pesadas, cuando cubrían una larga distancia, y un seco y grave «Gr», cuando se las empujaba un poco. Penetrantes, escalofriantes «Siiip» producían las más ligeras en las largas distancias, y un «Sss» quedo en las cortas.

       Claro que los sonidos no eran exactamente los que escribo aquí. Las cosas tienen otra lengua, propia, no satisfecha por las combinaciones de nuestras veinticuatro letras. En todo caso, más o menos hacían así: «Grrrr» y «Gr», «Siiip» y «Sss». ¡Me habían de­stro­za­do los nervios!

       Imposible concentrarme para terminar el libro que estaba le­yen­do. Hasta que me acordé de cómo jugaba de pequeña:

       «Esto es una bellota», decía mi madre. «¿Y qué más puede ser?», preguntaba yo. Y ella, suspirando hondo: «¿Yo qué sé? ¡Nada! ¿Qué más podría ser? ¡Una bellota, hija!…». Y volvíamos a casa con su bolsa llena de bellotas, que yo pintaba, les pegaba una pluma y se convertían en hombrecillos con sombrero y penacho, separaba las dos partes –por aquí las bellotas, por allá sus sombreritos– y se convertían en collares aquellas, en vasitos-abrevaderos-pilas-piedras para anillos estos, las partía por la mitad, sacaba el fruto y hacía de ellas una cuna para Pulgarcita, barcas o –boca abajo– caparazones de tortuga y otras cosas que ahora no recuerdo. (Por la misma razón recogía bombillas fundidas, chapas de botellas, trapos, huesos de sepia, maderas, abalorios y lentejuelas, que me daban tacañamente las costureras, así como trozos de juguetes estropeados. En general –curiosamente–, cual política o religión, tenía todo lo roto o destripado en mayor estima que lo entero y lo nuevo).

       Pues bien, a punto de sufrir una crisis nerviosa por culpa de los sonidos que trazaban los del piso de arriba arrastrando sus muebles por encima de mi cabeza (¿Cómo que «por encima»? ¡«Dentro» de mi cabeza!), me acordé de cómo jugaba de pequeña, y a continuación, sin esfuerzo, los «Grrrr» y «Gr», los «Siiip» y «Sss», se convirtieron en ¡rugidos de fieras y silbidos de reptiles! ¡Oírlo para creerlo! Os quedaríais asombrados. ¡No os imagináis cómo se parecen…! Que se mude alguien a vuestro piso de arriba y me daréis la razón.

       ¡Los mismos sonidos que antes me sacaban de quicio, ahora me fascinaban! Tal amor por la naturaleza no me lo esperaba de mí misma. ¡Majestuoso! ¡Toda una selva para mí!

       Tras haberla disfrutado un rato, concluí el libro que estaba le­yen­do — con la misma sensación que tenía el hombre solo en la naturaleza, en la salvaje naturaleza, donde lo perecedero encoge y lo eterno pesa. Y, absolutamente segura de que lo que anoté como «buen elemento» en mi libro lo era en efecto, me acosté en mi rama y me dormí…



Fuente: revista Τε­τρά­μη­να, núm. 13, primavera-verano 1977.

Élena Stringari (Atenas, 1950). Tomó clases en la escuela Vakaló, sus profesores eran Panagiotis Tetsis y Eleni Vakaló entre otros. Durante el período 1971-1974 colaboró con el Centro Artístico Espiritual «Ώρα» en la publicación anual Χρονικό. Publicó las colecciones de poemas ­π τ φς τν προ­βο­λέ­ων (1970), ­κά­λυ­πτος Χ­ρος (1974) καὶ ν πλ κα ­κυ­βέρ­νη­τα (2009).

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.



		

	

Fotiní Tendi: El Rano



Fotiní Tendi


El Rano


A PELOTA aterrizó sobre los periódicos. El qui­o­sque­ro grita enfurecido. Junto con A­po­ge­vma­ti­ní y Ta Nea, la acera se llena de cajitas de caramelos, chicles y piruletas con forma de gallo. «Ha sido gol», le grito a Thanasis, y después nos liamos a palos. «Ha pasado por fuera del ladrillo», a Thanasis apenas se le oye, le aprieto la mandíbula. Me da una patada en la espinilla, mis brazos se sueltan, nos caemos y rodamos por el asfalto. La calle Chalkidos arde, estamos en pleno verano, pero nosotros como si nada. Nos separan los de la pandilla. «Venga, que hay que ir por la pelota, que a Sotiris lo mata su padre si la pierde». Nos miramos, nos miramos también Thanasis y yo, ¿quién irá hasta el quiosco? «Te toca a ti», dice Sotiris. Me lo pienso y digo, «Vale, vamos». El quiosco de enfrente de casa lo tiene el «Rano», así lo conocíamos, por sus hechuras de rana, su verdadero nombre lo habíamos olvidado. Nos plantamos todos juntos delante de él, yo en el centro y los otros seis detrás y alrededor de mí, en plan guardaespaldas. El Rano, pelota en mano, aguarda. Me bajo hasta las rodillas el pantalón corto del Manchester que llevo puesto. Junto con los calzoncillos. Los otros me tapan para no ser visto en plena calle Chalkidos. El Rano clava su mirada asquerosa, sus ojos se le ponen como platos al igual que a una rana, puede que por eso le pusieran el mote. Al cabo de un minuto me subo el pantalón y él me lanza la pelota. La agarramos junto con un puñado de caramelos y corremos hacia la portería improvisada que tenemos montada en medio de la calle. Hay que entrenar, que mañana tenemos partido con la pandilla de la calle de arriba.



Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 23 de junio de 2017.

Fotiní Tendi ha nacido y vive en Atenas. Trabaja como traductora. Relatos suyos han sido publicados en revistas y blogs literarios.

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.



		

	

Maró Triantafilou: Bifurcación


Maró Triantafilou


Bifurcación


E DECÍA su madre que se casara, para tener compañía en la vejez. Le parecía una razón mezquina por la que vivir con una persona. Le decía su padre que se casara, para tener hijos, alguien que la asistiera cuando vieja. Le parecía una razón salvaje por la que traer al mundo nueva vida. Era como un roble, no conoció enfermedad hasta los sesenta, si no fuera por lo típico, algún catarro, alguna gripe o algo por el estilo. Por primera vez enfermó a los sesenta. No le dio la importancia que debía al resfriado, que evolucionó en neumonía. Doce días de hospital, con oxígenos y sueros, y un mes y medio más en casa encamada.

       Se levantó con esfuerzo, aunque mucho menos que ayer, y que anteayer mucho mejor. Mejoraba día tras día. Quería algo caliente para beber que le aliviara el pecho. Con la crisis de dónde sacar dinero para poner a alguien, una muchacha que la cuidara. Ella sola se las apañaba. Con sus amigas. Una vez venía Aretí, otra María, y cuando podían también las otras. Dichosos sean todos sus amigos, estuvieron a su lado sin rechistar.

       Mientras vertía el té fragante en la taza, le vino a la mente Aris, que hacía días que no pensaba en él, desde cuando regresó del hospital. Si viviera, andaría bien entrado en los sesenta y cinco. «Ni el polvo de sus huesos…», decía cada vez que pensaba en él. De haber tenido hijos, el primero estaría por los cuarenta. Imposible que no tuvieran un segundo.

       Buscó pan para mojarlo pero se había a­ca­ba­do, se había acabado también el pan de molde. Abierta la tienda de enfrente, pero ¿quién podría ir? Le daba un poco igual. A la mañana siguiente esperaba a Aretí con las compras. Acordado lo tenían entre ellas: Aretí, lo indispensable de la semana; lo de cada día –leche, pan y periódico–, María.

       Se llevó la taza a la cama y encendió la tele, pero notó pesados sus párpados. Dejó la taza a medio beber en la mesita de noche y se cubrió con las cálidas mantas. Se puso de costado y se dobló como un feto en la barriga de la madre. Por primera vez después de años separó un poquito el brazo de su cuerpo y palpó las sábanas, como si estuviera buscando algo. Una forma conocida sobre la forma de la ausencia. Sonrió y respiró profundamente. Gratitud era lo que sentía cada vez que respiraba sin los oxígenos del hospital. Mejoraba día tras día. «Hace mucho tiempo que no voy al cementerio», pensó. E hizo la promesa de que en cuanto se pusiera completamente buena se llevaría a María y a Aretí, y que vengan también sus maridos, se lo dirá también a Sula y a Katerina, para bajar al pueblo a ponerle una vela a la tumba de Aris. Además ya hará buen tiempo. «Se está bien en el pueblo en primavera», pensó. Y se durmió con una gota de nostalgia impoluta mordiéndole el alma; sin nada de angustia.



Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 19 de mayo de 2013.

Maró Triandafilu (Atenas, 1963). Historiadora, novelista, crítico de teatro. Se dedica a la traducción de literatura y de ensayos de historia y filosofía del francés y del inglés. Su último libro: Δάφνη κα τ βουν (2011).

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.