Stela Parasjá: ¿Cuánto cuesta un helado?



Stela Parasjá 


¿Cuánto cuesta un helado?


NO OCHENTA, abuela». Satisfecha de la respuesta siguió disfrutando del primer helado de aquel verano. Último día de agosto. Por los pelos. «Todo el verano pidiéndole a Yorgos que me traiga pero se le olvida». Yorgos era papá, me sentí mal, «si quieres algo más, abuela…», me atajó, «ya está, me lo comí y me quedé a gusto».

       Polo con baño de chocolate y crema de vainilla — la rica, esa que llaman vainilla de Madagascar. Viaje a la vida despreocupada — entonces… El fuerte cuerpo de la abuela trajinaba por Polijni. El apretado moño de pelo gris llegaba hasta la cintura cuando se lo soltaba. Lavar, trenzar, «rizado», decía, «como el tuyo».

       En el quiosco de la esquina me detuve, había un polo cero ca­lo­rí­as que fue rechazado de inmediato. Es tarde para mantener la línea, ¿eh, abuela?

       La abuela lleva encerrada en casa quién sabe cuántos años — no puede ya con las piernas. Imposible bajar las escaleras para dar un paseo por los portales, para regar las flores. Despacio y encorvada, realiza el recorrido sofá-balcón-cuarto de baño, ni hablar de más lejos. Permanente esfuerzo de todos que no se caiga. Al parecer no nos esforzamos lo suficiente, porque su narración preferida es la de las nueve caídas. Tres de ellas en la escalera, algunas en el baño, otras en el pasillo. Todas con el mismo más o menos desenlace. Fisura de cadera. Moretones. Dolor. Y lo peor, la insufrible espera de horas. Porque para que alguien se caiga no le hace falta ayuda, pero anda, ve y pregunta si es lo mismo a la hora de levantarse.

       «Qué casa tan mal hecha, no tenemos ni ascensor. Pura i­gno­ra­ncia. Con que no cabía en los planos…». El ascensor que el arquitecto olvidó incluir en el estudio de la casa de dos plantas tiene su parte de culpa. Si existiera, la abuela entonces podría evitar la empinada escalera para caminar a trancas y barrancas hasta la tienda de al final de la calleja. Ver a los chiquillos jugando a marro. Charlar con la vecina. Comprar un kilo de nectarinas de la carreta del frutero.

       La semana que robé para hacerle compañía rezumaba tristeza. La veía marchita acostarse, despertarse, comer sin regocijo. De vez en cuando la veía resoplar. «¿Qué quieres que te compre del súper, abuela?». La pared de enfrente nos hacía señas. «¿Helado, abuela? ¿Chocolate? ¿Galletas?». Su rostro se iluminó, «sí», asintió impaciente «me traes un helado, anda, un polo».

       La observaba comer, terrenal, como antaño. Sentí tanto placer que era como si me lo comiera yo. Ese polo era el único argumento eficaz contra la gris sucesión de días y noches vacíos de la nonagenaria anciana cuya sola preocupación es marcharse. Su cuerpo fuerte de entonces se ha achicado, de su larga trenza se deshizo de un tijeretazo. Entre tanto nosotros, monstruos de egoísmo, nos empeñamos en mantenerla a nuestro lado. Nos afanamos en engañar al barquero del río Aqueronte y a ella misma con un polo del quiosco de la esquina.



Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 20 de enero de 2016.

Stela Parasjá estudió Teatro, Cine y Administración y Gestión Cultural. Recientes publicaciones suyas de estilo literario/poético se encuentran en las páginas web Ποι­εν, Θρά­καBibliotheque. Participa en la colección de cuentos  Πό­λη α­τ τ Νύ­χτα, editorial poema.

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.


			
Διαφημίσεις

Νίκος Νικολαΐδης: Les toilettes d’ Έve


Νί­κος Νι­κο­λα­δης


Les toiletes d’ Έve


ΡΙ ΔΕΙ Ο ΑΔΑΜ τὴ γυ­μνό­τη­τα τῆς Εὔ­ας, δὲν εἶ­χε μα­ρα­θεῖ ἀ­κό­μη τὸ λού­λου­δο στὸν ἐ­πί­γει­ο πα­ρά­δει­σο. Γι’ αὐ­τό, τὸ πρά­σι­νο φό­ρε­μα ποὺ τῆς φό­ρε­σε, τὴν ἔ­κα­νε νὰ χα­μο­γε­λά­σει μέ­σα στὴ ντρο­πή της.

Ὅ­ταν σὲ λί­γο εἶ­δε τὰ φύλ­λα μα­ρα­μέ­να, ἔ­νι­ω­σε τὴν πρώ­τη-πρώ­τη πί­κρα.

        Τὸ χα­μό­γε­λο ξα­νάρ­θε, μὲ τὸ νέ­ο, τρι­αν­τα­φυλ­λὶ φό­ρε­μα ποὺ τῆς ἔ­φε­ρε· μὰ γρή­γο­ρα, ἐ­δά­κρυ­σε πά­νω στὰ μα­ρα­μέ­να τρι­αν­τά­φυλ­λα. – Ἦ­ταν τὸ πρῶ­το-πρῶ­το δά­κρυ τῆς γυ­ναί­κας.

        Γλή­γο­ρα ξα­στέ­ρω­σε ἡ μα­τιά της, μέ­σα στὸ νέ­ο κί­τρι­νο, καὶ πρὶν τὰ χρυ­σάν­θε­μα κρε­μα­στοῦ­νε μα­ρα­μέ­να, εἶ­δε τὸν ἄν­τρα της νὰ ψά­χνει γιὰ με­νε­ξέ­δες, καὶ χα­μο­γέ­λα­σε τὸ πιὸ εὐ­τυ­χι­σμέ­νο της χα­μό­γε­λο, στὴ σκέ­ψη:  π ὼ ς  τ ὰ  π ρ ά ­μ α ­τ α  δ ὲ   θ ά  ‘­ν α ι  π ι ὰ  α ἰ ­ώ ­ν ι α.



Πη­γή: Νίκου Νικολαΐδη τοῦ Κύπριου, Ὁ χρυ­σὸς μύ­θος, ἐπιμέλεια Λευ­τέ­ρης Παπα­λεο­ντίου, Μικρο­φιλο­λογι­κὰ Τε­τρά­δια, ἀρ. 19 (Πρώτη ἔκ­δο­ση, Κά­ϊ­­ρο, 1939).

Νί­κος Κ. Νι­κο­λα­ΐ­δης (Κύ­προς, Λευ­κω­σί­α, 1884-1956). Κύ­πριος πε­ζο­γρά­φος, ἐκ τῶν ση­μαν­τι­κό­τε­ρων συγ­γρα­φέ­ων τοῦ με­σο­πο­λέ­μου. Ἔ­γρα­ψε δι­η­γή­μα­τα, μυ­θι­στο­ρή­μα­τα, ποι­ή­μα­τα καὶ θε­α­τρι­κὰ σε­νά­ρια. Σὲ ἡ­λι­κί­α δέ­κα ἐ­τῶν ἐγ­κα­τέ­λει­ψε τὸ σχο­λεῖ­ο γιὰ νὰ ἀ­κο­λου­θή­σει τὸ τα­λέν­το του. Ἀρ­χι­κὰ ἐρ­γά­σθη­κε σὰν βο­η­θὸς βι­βλι­ο­δε­τεί­ου καὶ ἀρ­γό­τε­ρα ὡς ἁ­γι­ο­γρά­φος, καὶ ἠ­θο­ποι­ός. Οἱ πολ­λὲς ἐ­παγ­γελ­μα­τι­κὲς καὶ τα­ξι­δι­ω­τι­κές του ἐμ­πει­ρί­ες σὲ Εὐ­ρώ­πη, Περ­σί­α, Αἴ­γυ­πτο καὶ Μέ­ση Ἀ­να­το­λὴ τὸν βο­ή­θη­σαν νὰ ἐ­ξε­λι­χθεῖ σὲ μιὰ ἀ­πὸ τὶς πλέ­ον ἀ­να­γνω­ρί­σι­μες μορ­φὲς τῶν γραμ­μά­των τῆς ἐ­πο­χῆς του. Ἔ­ζη­σε στὴν Ἀ­θή­να (1915-1919), τὴ Λε­με­σὸ (1919-1923) καὶ τέ­λος στὸ Κά­ι­ρο, ὅ­που ἔ­γρα­ψε καὶ ἐ­ξέ­δω­σε τὸ με­γα­λύ­τε­ρο μέ­ρος τοῦ λο­γο­τε­χνι­κοῦ ἔρ­γου του, πέ­θα­νε στὸ Κοι­νο­τι­κὸ Νο­σο­κο­μεῖ­ο Κα­ΐ­ρου. Τὸ συ­χνὰ δη­κτι­κὸ καὶ εἰ­ρω­νι­κό του ὕ­φος τὸν κα­τέ­τα­ξε με­τα­ξύ τῶν δη­μι­ουρ­γῶν ποὺ ἀ­σχο­λοῦν­ται μὲ τὰ βα­θύ­τε­ρα ἐ­σω­τε­ρι­κὰ ζη­τή­μα­τα, τὶς ὑ­παρ­ξια­κὲς ἀ­γω­νί­ες καὶ τὰ συ­ναι­σθή­μα­τα ἀ­πό­γνω­σης ποὺ βι­ώ­νουν οἱ κα­τα­τρεγ­μέ­νοι καὶ οἱ πε­ρι­θω­ρια­κοὶ τῆς κοι­νω­νί­ας.


Ἡ­ρὼ Νι­κο­πού­λου: Ἡ μάσκα



Ἡ­ρὼ Νι­κο­πού­λου


Ἡ μά­σκα


ΣΚΥΨΕ καὶ φί­λη­σε μὲ λα­χτά­ρα τὸ φρυγ­μέ­νο, στε­γνὸ στό­μα τοῦ ἄν­τρα μὲ τὴ μά­σκα. Πᾶ­νε δέ­κα μέ­ρες ποὺ δὲν τὴν ἔ­βγα­λε λε­πτό, ἔ­ψα­ξε κι ἀ­πό­ψε μά­ται­α γιὰ τὰ μά­τια του. Θυ­μή­θη­κε τὰ Κα­λο­καί­ρια στὸ χω­ριό, ἐ­κεῖ­νο τὸ βρά­δυ στὴ ρε­μα­τιά, μα­κριὰ ἀ­πὸ τὸν ἔ­λεγ­χο τοῦ πα­τέ­ρα καὶ τὰ δια­ρκῆ σχό­λια τῆς μά­νας τους. Τὸ παι­δι­κό του σῶ­μα ἄ­χνι­ζε, κι ἄρ­χι­σε νὰ τὴν ψά­χνει δι­στα­χτι­κὰ μέ­ς στὸ σκο­τά­δι, κι ἐ­κεί­νη, ἡ μι­κρό­τε­ρη ἀ­π’ τὰ κο­ρί­τσια, χτυ­πο­κάρ­δι­σε καὶ μπουμ­πού­κια­σε ἀ­πό­το­μα μέ­σα ἀ­πὸ τὴν ἀ­παί­τη­σή του. Καὶ τό­τε σφα­λι­στὰ τὰ εἶ­χε τὰ μά­τια του. Πο­τὲ δὲν ξα­να­λα­χτά­ρι­σε ἔ­τσι οὔ­τε μὲ τὰ παι­διὰ οὔ­τε μὲ τὰ ἐγ­γό­νια της.

       Δί­πλα τους τὸ μη­χά­νη­μα τοῦ ὀ­ξυ­γό­νου πά­φλα­ζε μα­ταί­ω­ση σὰ με­τρο­νό­μος. Τῆς ζή­τη­σε ψι­θυ­ρι­στὰ τὴν πά­πια, τὸν βο­ή­θη­σε μὲ χέ­ρια γυ­μνὰ καὶ τὸν κοι­τοῦ­σε λαί­μαρ­γα, τώ­ρα ποὺ αὐ­τὸς πά­λι κρυ­βό­ταν, τὸν με­γά­λο της ἀ­δελ­φὸ ποὺ ἔ­χα­νε.

       Ἀ­π’ τὴν μι­σά­νοι­χτη πόρ­τα ἡ γυ­ναί­κα του πα­ρα­κο­λου­θοῦ­σε βου­βή.



Πη­γή: Μι­κρο­κύ­μα­τα. 99+1 μι­κρο-δι­η­γή­μα­τα με­λῶν τῆς Ἑ­ται­ρεί­ας Συγ­γρα­φέ­ων, ἔκδ. Ἡ Ἐ­φη­με­ρί­δα τῶν Συν­τα­κτῶν, 04-06.01.2019.

Ἡ­ρὼ Νι­κο­πού­λου (Ἀ­θή­να, 1958). Σπού­δα­σε ζω­γρα­φι­κὴ καὶ σκη­νο­γρα­φί­α στὴν Ἀ­νω­τά­τη Σχο­λὴ Κα­λῶν Τε­χνῶν. Ἔ­χει κά­νει πολ­λὲς ἀ­το­μι­κὲς καὶ ὁ­μα­δι­κὲς ἐκ­θέ­σεις στὴν Ἑλ­λά­δα καὶ τὸ ἐ­ξω­τε­ρι­κό. Ἔ­χει δη­μο­σι­εύ­σει τρεῖς ποι­η­τι­κὲς συλ­λο­γές, ἕ­να μυ­θι­στό­ρη­μα καὶ τρεῖς συλ­λο­γὲς δι­η­γη­μά­των. Ἔ­χει συμ­με­τά­σχει ὡς προ­σκε­κλη­μέ­νη σὲ τέσ­σε­ρα δι­ε­θνῆ φε­στι­βὰλ ποί­η­σης: Τουρ­κί­α (2012), Θεσ­σα­λο­νί­κη (2013), Ἀ­θή­να (2013), Κρο­α­τί­α (2015). Ἀ­πὸ τὸ 2010 συν­δι­ευ­θύ­νει μὲ τὸν Γιά­ννη Πα­τί­λη τὴν ἱ­στο­σε­λί­δα γιὰ τὸ μι­κρὸ δι­ή­γη­μα Πλα­νό­διον-Ἱ­στο­ρί­ες Μπον­ζά­ι καὶ ἐ­πι­με­λή­θη­κε μα­ζί του τρεῖς ἀν­θο­λο­γί­ες μι­κροῦ δι­η­γή­μα­τος στὶς ἐκδόσεις Γα­βρι­η­λί­δης. Ποι­ή­μα­τα, δι­η­γή­μα­τα καὶ ἄρ­θρα της ἔ­χουν δη­μο­σι­ευ­θεῖ στὸν πε­ρι­ο­δι­κὸ καὶ ἡ­με­ρή­σιο Τύ­πο καὶ ἔ­χουν με­τα­φρα­στεῖ στὰ Ἀγ­γλι­κά, Ρω­σι­κά, Τουρ­κι­κὰ καὶ Κρο­α­τι­κά. Εἶ­ναι μέ­λος τοῦ Εἰ­κα­στι­κοῦ Ἐ­πι­με­λη­τη­ρί­ου Ἑλ­λά­δας, τῆς Ἑ­ται­ρεί­ας Συγ­γρα­φέ­ων καὶ τοῦ Κύ­κλου Ποι­η­τῶν. Τε­λευ­ταί­ο της βι­βλί­ο: Τὸ πρὶν καὶ τὸ με­τὰ τὴν παύ­λα (ποιήματα· Γα­βρι­η­λί­δης, 2018). Δι­α­τη­ρεῖ τὴν ἱ­στο­σε­λί­δα: www.ironikopoulou.gr

Φωτογραφία: Παναγιώτης Παπαθεοδωρόπουλος (1958-2015).



		

	

Tasos Goudelis: La propuesta



Tasos Goudelis


La propuesta

(plano general)


STABAN sentados en la mesa de al lado. Los ocultaban cada dos por tres el camarero y los clientes que iban y venían entre nosotros. Sus frases, en el bullicio del restaurante de comida rápida, llegaban a medias. «…Es una buena oportunidad», decía el hombre del chaquetón de plástico a la escotada rubia del norte, quien lo escuchaba con atención sin tocar su comida. «…puede que fuera idea de ella… Quieren en fin que sea de él, si no buscarían…». Algunos pasaron riendo y taparon las palabras del hombre. «Yo me encargo del transporte…», oí por primera vez a la mujer hablar con un tono de irónica sumisión. Algo dijo el hombre en pleno alboroto de un grupo de menores con gorras de colegio americano que había entrado en el restaurante en ese momento. Mi hijo había acabado su plato y tenía prisa. Pasamos delante de la pareja, que ahora fumaba sin hablar.


(primer plano)


El hombre movió con cierto nerviosismo su taza y la miró a los ojos antes de hablar. Esperó hasta que el camarero limpiara la mesa de al lado, de donde acababan de levantarse dos jóvenes ruidosos. El restaurante de comida rápida estaba lleno, y la música se oía a todo volumen. «Creo que no hay que darle más vueltas. Es una buena oportunidad…», le dijo al tiempo que observaba sus dedos, de uñas llamativamente pintadas. No había tocado su comida. La voz de él fue tapada por las risas de un grupo cercano, «…su mujer no puso objeción, si eso tuviera alguna importancia. Lo contrario, por lo que entendí, puede que fuera idea de ella. Nos da igual…». Giró su cabeza hacia una chica que pasó a su lado dejando un fuerte perfume. Ella siguió sin hablar, mientras apretaba el vaso de cerveza. «Quieren en fin que sea de él; si no, buscarían una adopción…». «Yo me encargo del transporte, por así llamarlo…», dijo la otra rompiendo su silencio. «Llámalo como quieras…». Le encendió el cigarrillo con su ostentoso mechero. «Menos mal que aquí se permite fumar. Hasta en tu país lo han prohibido en lugares públicos. Y eso que sois también de los Balcanes, pero…». Era como si anhelara una pausa, aunque le era difícil ocultar su impaciencia. «Nueve meses no son pocos…». La voz de ella se había vuelto ahora más ronca por el humo. «Te cuidarán como si fueras de la familia. Además, ¿cuánto sacarías en el mismo plazo de tiempo con lo que haces?». Más allá, un joven con una gorra, haciendo graciosas muecas, lanzaba al de enfrente una servilleta de papel con la que había hecho una bola. La mujer seguía la escena distraída.



Fuente: Η παρουσία (cuentos), ed. Kedros 2010.

Tasos Gudelis (Atenas, 1949). Cuentista, crítico, ensayista. Estudió Derecho en la Universidad de Atenas. Co-editor desde 1982 de la revista literaria Το Δέν­τρο. Enseña Historia del Cine en la Escuela Nacional de Teatro.

 

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.



		

	

Tina Kátsari: La llave



Tina Kátsari


La llave


ADRE echó la chamarra en la silla, se quitó la gorra, las botas y se sacudió las zarzas. Agarró media hogaza de pan, se bebió de un trago un rakí y se tumbó en el sofá al lado de la chimenea. Dejó caer el brazo hacia el suelo y vi que, aun durmiendo, portaba una cadena con una llave. Había puesto las otras llaves en una alcayata torcida, pero una la había asegurado en la cadena. No era ni la más grande ni la más pequeña, ni tenía un grabado raro. Me envolví en una cobija, a su lado en el sofá, y fingí leer, mas sus ronquidos me cortaban la respiración. Al despertarse, entró en el cuarto y yo me agazapé no ser que me viera. Me quité las zapatillas, estiré el cuello por si pudiera verle por la ventanilla de la puerta abriendo con la llave algo en el cuarto.

       Con padre no jugábamos, ni me llevaba a conducir el tractor, jamás me montó en la moto que tenía abandonada en el patio desde cuando se marcharon los alemanes, ni me inició en las fincas. Padre no me acariciaba, ni me contaba historias, de la guerra no quería ni acordarse. No llevaba kombolói, ni anillo grueso en el meñique. Un día padre enfermó y murió. En un trozo de papel en el bolsillo del chaleco ponía: «Hijo mío, la llave la tenía antaño un sargento alemán. Mientras agonizaba me la entregó. Me rompí la cabeza buscando el porqué, pero no obtuve respuesta. En adelante guárdala tú».

       Metí la llave en la cerradura de los cajones del cuarto, del baúl al lado del sofá y de la caja de hojalata de la choza, en la finca. Tanto jaleo por una llave que no cerraba nada, me dije. Solo años después porté yo también la llave.



Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 19 de agosto de 2016.

Tina Kátsari (Atenas, 1978). Ha estudiado filología. Cuentos suyos se han publicado en la edición colectiva Oδός Δημιουργικής Γραφής 2 (ediciones Oσελότος, Atenas 2013).

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.



		

	

Lena Komini: Tengo que salir de aquí



Lena Komini


Tengo que salir de aquí


UN ELEFANTE ha ocupado mi habitación. Es tan grande que no cabemos los dos.

       No le gusta la música que escucho, y me castiga dando golpes con sus patas y haciendo tanto ruido para que no pueda escuchar otra cosa.

       Come mucho, cantidades enormes. Ha almacenado en el lugar tanta comida que me da asco tan solo de verla. Sus cacas son montañas, y su orina ríos.

       No lo aguanto más. Lo empujo para que salga, pero no cabe por la puerta. No puedo comprender por dónde entró. No recuerdo cuándo entró, hace tiempo que vivimos así, yo y él. A lo mejor estaba aquí antes que yo.

       Sin embargo, esto tiene que acabar. Tengo que salir de aquí.

       Trato de llegar a la puerta, pero no puedo. Meto algo de ropa en un macuto y salto por la ventana. Me lastimo, me duele mucho.

       Sin embargo, estoy decidido. Me levanto. Mis piernas me so­sti­e­nen.

       Ya en la calle, me alejo. Cuando estoy lo suficientemente lejos, vuelvo la vista atrás.

       El elefante ha ocupado toda la casa. Sus ojos son las ventanas, su boca la puerta, su trompa es la chimenea. Miro hacia las ventanas. Grito fuerte.

       «No te preocupes, mamá. En cuanto me instale en la residencia de estudiantes, te llamo».



Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 8 de febrero de 2018.

Lena Komini (Atenas, 1956), química con estudios de postgrado en París. Un cuento suyo ha sido incluido en el libro de la Sociedad de Autores Ioanis Zemenos, 1er Encuentro de Literatura Fantasiosa, ed. Eolos. Su obra óptico-acústica TOP 10, fue elegida por el Grupo Depression Era y se expuso en la bienal de Salónica en 2015.

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.

 

Olga Ekaterini Fundea: La única manera razonable de que se desarrollen las cosas



Olga Ekaterini Fundea


La única manera razonable de que se desarrollen las cosas


U BRAZO cuelga del sofá. Dentro de poco te despertarás y querrás irte. No conmigo. Yo soy bueno en lοs recreos. Esperar a que me roce accidentalmente tu rodilla, a que caiga un pelo tuyo como marcapáginas. Hay otras guapas también, pero tú eres más guapa y lo sabes. Lo ves en los ojos de los compañeros, en los ojos de los profesores. Potencialmente eres ceniza. Todavía, sin embargo, carne. Carne que se hastía y simula estar muerta en un sofá barato, mientras los demás discuten sobre quién te llevará a casa. No yo. Yo soy bueno en los recreos. Mostrarte cómo se resuelve una ecuación, ayudarte a concluir una redacción. No te esfuerzas, no hace falta que te esfuerces. Pero aquel momento que pasó así –de refilón– y del que nadie se percató. Te preguntó el profesor, nada más para justificar tus notas mediocres, acerca de Romeo y Julieta, y tú dijiste que no es una tragedia sino la manera más razonable de que se desarrollen las cosas cuando dos personas se aman. Y yo no es que quiera que tomes veneno o mueras por mí, solo que te quedes dormida, así como te veo en el sofá, y acostarme a tu lado, y no pegar ojo, tú colmando mis sentidos y yo sin molestar los tuyos, que no sea necesario que finjas más ni para mí ni para los demás.



Fuente: Primera publicación blog Planodion – Historias Bonsái, 4 de febrero de 2018.

Olga Ekaterini Fundea ha nacido en Atenas en 1978. Ha seguido cursos de escritura creativa con Kostas Katsoularis.

Tra­duc­ción: Equipo Proyecto Grequerías: I­lek­tra A­na­gno­stou, So­fía Fer­taki, The­oni Kabra, María Karalí, Eduardo Lucena, María Malakata, Alicia Manolá, Kon­­sta­nti­nos Pa­le­o­lo­gos, Jaralambos Theodosis, Anto­nia Vla­chou. La tra­duc­ción y revisión colectivas de los minir­rela­tos es producto del taller que orga­ni­zaron y co­ordina­ron, en la a­ca­de­mia de i­dio­mas A­ba­ni­co desde octu­bre de 2018 hasta abril de 2019, Konstanti­nos Pa­le­o­lo­gos y E­du­a­rdo Lu­ce­na.