Iásonas Mikronis: El mañana


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Iásonas Mikronis


El mañana


01-EpsilonSTAMOS tomando cervezas mi padre y yo en un kafenío de Ai Minás en pleno mediodía. «En todas las elecciones salen y dicen ser las más cruciales», me dice. A derecha e izquierda los mayores juegan a backgammon y en los descansos comentan los resultados de los sondeos. Veo a Plenti que sale de una callejuela y se acerca al kafenío pedaleando lentamente en su destrozadísima bicicleta. Por detrás tira de su perra peluda, la «Albania» (bautizada así por él mismo), que es enorme pero se parece a una osa domesticada e inofensiva. El enlosado humea por el calor, parece como si la bici anduviera sobre un mar aceitoso. Vi a Plenti por primera vez hace cuatro o cinco años. Yo estaba conduciendo un Honda Jazz con manos temblorosas, cuando mi profesor de autoescuela abrió apresuradamente la ventanilla y gritó a un tipo desproporcionado: “¡Hombre, Plenti, hola!”. El tipo devolvió el saludo levantando la mano de forma algo dubitativa como un escolar asustado que sabe la respuesta pero no se atreve a decirla. “¿Le conoces?”, me preguntó el profesor. Le hice una seña negativa. “Plenti”, empezó a contarme, “había tenido una gran fortuna en Albania, pero Hoxha se la expropió. Encima le encarcelaron y allí se volvió loco”. Desde entonces he oído miles de interpretaciones — típico chismorreo de provincia. Sus compatriotas dicen que era clérigo (su barba frondosa había adquirido carácter mitológico), otros que pertenecía a un grupo de jóvenes disidentes trotskistas, otros (la minoría) reconocen en él al cabecilla saguinario de las extensas purgas del último periodo del régimen. La verdad es que no vino a Grecia con la primera oleada, en los ’90. Y su griego —igual es por eso— sigue siendo paupérrimo, para ser exactos se limita a dos palabras: Albania y mañana. Ha enganchado una neverita de goma espuma a la parrilla de su bicicleta llena de pescaditos pequeños (sargos, lubinas y morragutes) que ha estado pescando con sedal en el puente de Ponte. Recorre la ciudad de Lefkada con su frondosa «Albania» siguiéndole fielmente, e intenta vender su mercancía. Pero no suelen comprarle nada. Mueven negativamente la cabeza. Y Plenti recurre entones, desolado, a su escaso griego: “¿Mañana, eh?”. Así que hoy, día de elecciones, Plenti irrumpe en el kafenío con dos lubinas en la mano, como muestra. Va de mesa en mesa como una bola de pinball. Todos, por supuesto, lo rechazan. “¿Mañana?”, sugiere él, “mañana”, se ríen los bebedores. En ese momento sale el primer exit poll, todos en el kafenío se autorreprimen para ver. Un hombre mayor le grita desde el fondo para picarle: “Plenti, ¿has votado?”. Plenti no responde. El otro insiste: “Plenti, hombre, ¿has votado?”. Plenti mete las muestras en la neverita y levanta la pata de cabra a su tremulosa bicicleta. «Albania» le lame el pie. Se sienta cómodamente en el sillín, respira hondo y mira, como pensando, al viejo.

       Y le dice proféticamente:

       “Mañana”.


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Fuente: primera publicación en el blog Planodion – Historias Bonsái (22 de oc­tubre de 2015).

Iásonas Mikronis (Atenas, 1990). Estudió Lengua Inglesa y Filología en la U­ni­versidad de Atenas y guitarra clásica en el conservatorio de Atenas. Vi­ve en Lefkada.

Traducción: Naiara García Fernández.

Revisión: Konstantinos Paleologos.


		
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