Ρόμ­περτ Βάλ­ζερ (Robert Walser): Τὰ ποι­ή­μα­τα



Ρόμ­περτ Βάλ­ζερ (Robert Walser)


Τὰ ποι­ή­μα­τα

(Die Gedichte)


Ο ΚΑΛΟΚΑΙΡΙ πο­τὲ δὲν ἔ­γρα­ψα κα­νέ­να ποί­η­μα. Ἡ ἄν­θι­ση, ἡ δια­ύγεια ἤ­τα­νε πο­λὺ αἰ­σθη­σια­κὴ γιὰ μέ­να. Ἤ­μου­να λυ­πη­μέ­νος τὸ κα­λο­καί­ρι. Μὲ τὸ φθι­νό­πω­ρο κα­τέ­βαι­νε μιὰ με­λω­δί­α στὸν κό­σμο. Ἤ­μουν ἐ­ρω­τευ­μέ­νος μὲ τὴν κα­τα­χνιά, τὴ σκο­τει­νιὰ ποὺ ξε­κι­νοῦ­σε κι­ό­λας ἀ­πὸ νω­ρίς, τὴν πα­γω­νιά. Τὸ χι­ό­νι τό ’­βρι­σκα θε­ϊ­κό, μὰ ἴ­σως ἀ­κό­μα πιὸ ὄ­μορ­φες καὶ θε­ϊ­κὲς μοῦ φαι­νόν­του­σαν οἱ σκο­τει­νές, ἄ­γρι­ες, θερ­μὲς κα­ται­γί­δες τῆς πρώ­ι­μης ἄ­νοι­ξης. Μὲς στὸν πα­γε­ρὸ χει­μώ­να λαμ­πυ­ρί­ζα­νε κι ἀ­χνί­ζα­νε μα­γι­κὰ τὰ βρά­δια. Οἱ ἦ­χοι μὲ γο­ή­τευ­αν, τὰ χρώ­μα­τα μοῦ μι­λοῦ­σαν. Δὲ χρει­ά­ζε­ται κὰν νὰ τὸ πῶ, πὼς ζοῦ­σα σ’ ἀ­τέ­λει­ω­τη μο­να­ξιά. Ἡ μο­να­ξιὰ ἦ­ταν ἡ νύ­φη ποὺ λά­τρευ­α, ὁ σύν­τρο­φος ποὺ προ­τι­μοῦ­σα, ἡ συ­νο­μι­λί­α ποὺ ἀ­γα­ποῦ­σα, ἡ ὀ­μορ­φιὰ ποὺ ἀ­πο­λάμ­βα­να, ἡ πα­ρέ­α ποὺ μέ­σα της ζοῦ­σα. Δὲν ὑ­πῆρ­χε γιὰ μέ­να­νε τί­πο­τα πιὸ φυ­σι­κό, πιὸ φι­λι­κό. Ἤ­μουν ὑ­παλ­λη­λά­κος, πο­λὺ συ­χνὰ δί­χως τὴν ἁρ­μό­ζου­σα θέ­ση. Κι αὐ­τὸ ἅρ­μο­ζε σὲ μέ­να. Ὤ, πό­ση τρυ­φε­ρὰ ὀ­νει­ρι­κὴ με­λαγ­χο­λί­α, ἡ­δο­νι­κὴ ἀ­πελ­πι­σί­α, οὐ­ρά­νια ἀ­θυ­μί­α, ἀ­γα­πη­μέ­νη θλί­ψη, γλυ­κιὰ σκλη­ρό­τη­τα. Ἀ­γα­ποῦ­σα τὰ προ­ά­στια μὲ τὶς μο­να­χι­κὲς φι­γοῦ­ρες τῶν ἐρ­γα­τῶν. Τὰ χι­ο­νι­σμέ­να λι­βά­δια μοῦ μι­λού­σα­νε μ’ οἰ­κει­ό­τη­τα, τὸ φεγ­γά­ρι μοῦ φαι­νό­τα­νε σὰ νὰ χα­μη­λώ­νει γιὰ νὰ κλά­ψει ἀ­πά­νω στὸ χι­ό­νι, τὸ λευ­κὸ σὰν τὸ φάν­τα­σμα· τ’ ἀ­στέ­ρια! Τό­σο λαμ­πρά! Ἤ­μου­να τό­σο ἀρ­χον­τι­κὰ φτω­χός, τό­σο βα­σι­λι­κὰ λεύ­τε­ρος. Στε­κό­μουν μὲς στὴ χει­μω­νι­ά­τι­κη νύ­χτα, πρὸς τὸ ξη­μέ­ρω­μα, πλά­ι στ’ ἀ­νοι­χτὸ πα­ρά­θυ­ρο· μὲ τὴν πα­γε­ρὴ πνο­ὴ νὰ φυ­σά­ει στὸ πρό­σω­πό μου καὶ τὸ στῆ­θος, κα­λυμ­μέ­νο μο­νά­χα μὲ τὴ νυ­χτι­κιά. Καὶ τό­τε μοῦ ’ρ­χό­ταν μιὰ πα­ρά­ξε­νη ὀ­πτα­σί­α, πὼς ὁ­λό­γυ­ρά μου φώ­τι­ζε. Πο­λὺ συ­χνά, μέ­σα στὴν ἀ­πο­μο­νω­μέ­νη κά­μα­ρα ποὺ κα­τοι­κοῦ­σα, ἔ­πε­φτα στὰ γό­να­τα κι ἱ­κέ­τευ­α τὸ Θε­ὸ γιὰ ἕ­ναν ὄ­μορ­φο στί­χο. Ὕ­στε­ρα, ἄ­νοι­γα τὴν πόρ­τα, ἔ­βγαι­να ἔ­ξω καὶ χα­νό­μου­να μὲς στὴ Φύ­ση.

(1912)


Πη­γή: «Τὰ ποι­ή­μα­τα» («Die Ge­di­chte»), Klei­ne Dich­tun­gen von Ro­bert Wal­ser, Kurt Wolff Verlag, Leipzig, 1914, S. 65.

Ρόμ­περτ Βάλ­ζερ (Robert Walser) (1878-1956). Γερ­μα­νό­φω­νος Ἐλ­βε­τὸς συγ­γρα­φέ­ας, ἕ­νας ἀ­πὸ τοὺς πιὸ σπου­δαί­ους λο­γο­τέ­χνες ποὺ ἀ­σχο­λή­θη­καν μὲ τὴ σύν­το­μη πρό­ζα κα­τὰ τὸν 20ὸ αἰ­ώ­να, μο­λο­νό­τι τὸ ἔρ­γο του δὲν εἶ­ναι ἐ­παρ­κῶς γνω­στὸ στὴ χώ­ρα μας. Ἔ­γρα­ψε καὶ μυ­θι­στο­ρή­μα­τα, ἀλ­λὰ καὶ συν­το­μό­τε­ρα πε­ζά, ἐ­νί­ο­τε ἐ­λά­χι­στης ἔ­κτα­σης, τὰ ὁ­ποῖ­α δη­μο­σι­εύ­ον­ταν ὡς «μι­κρὰ ποι­ή­μα­τα», «μι­κρὰ πε­ζά», «πε­ζὰ ποι­ή­μα­τα» κτλ. Αὐ­τὰ τὰ κεί­με­να, γιὰ τὰ ὁ­ποῖ­α εἶ­ναι πε­ρισ­σό­τε­ρο γνω­στὸς ὁ Βάλ­ζερ, ἀ­γα­πή­θη­καν πο­λὺ κα­τὰ τὶς πρῶ­τες δε­κα­ε­τί­ες τοῦ 20οῦ αἰ­ώ­να, καὶ μά­λι­στα ἀ­πὸ σπου­δαί­ους συγ­γρα­φεῖς. Με­τα­ξὺ ἄλ­λων, ὁ Φρὰν­τς Κάφ­κα δέ­χτη­κε σα­φεῖς ἐ­πιρ­ρο­ές. Τὸ ἔρ­γο τοῦ Βάλ­ζερ στα­δια­κὰ ξε­χά­στη­κε: ἔ­τσι καὶ ἀλ­λι­ῶς, ὁ συγ­γρα­φέ­ας ἀ­ναγ­κα­ζό­ταν ἀ­πὸ νω­ρὶς νὰ βι­ο­πο­ρί­ζε­ται ἀ­πὸ δι­ά­φο­ρες μι­κρο­δου­λει­ές, ἐ­νῶ πα­ράλ­λη­λα ἡ ψυ­χι­κή του ἀ­στά­θεια τὸν ἀ­νάγ­κα­σε νὰ πε­ρά­σει με­γά­λο μέ­ρος τῆς ζω­ῆς του σὲ δι­ά­φο­ρα ἱ­δρύ­μα­τα. Πάν­τως, τὰ κεί­με­νά του ἀ­να­κα­λύ­φτη­καν ἐκ νέ­ου πρὸς τὰ τέ­λη τοῦ 20οῦ αἰ­ώ­να, ὁ­πό­τε καὶ ἐ­πη­ρέ­α­σαν ση­μαν­τι­κοὺς νε­ό­τε­ρους συγ­γρα­φεῖς, ὅ­πως ὁ B. Γκ. Ζέμ­παλντ.

Με­τά­φρα­ση ἀ­πὸ τὰ Γερ­μα­νι­κά:

Θε­ο­δό­σης Κον­τά­κης. Ἔ­χει ἐκ­δώ­σει τρεῖς ποι­η­τι­κὲς συλ­λο­γές, κα­θὼς καὶ ἕ­ναν τό­μο μὲ δι­η­γή­μα­τα. Ἀ­σχο­λεῖ­ται μὲ τὴν με­τά­φρα­ση ποί­η­σης ἀ­πὸ τὰ γερ­μα­νι­κὰ καὶ ἰ­τα­λι­κά. Σὲ με­τά­φρα­σή του ἐκ­δό­θη­κε ἡ συλ­λο­γὴ τοῦ Peter Huchel Ἡ ἔ­να­τη ὥ­ρα (Βακ­χι­κόν, 2017), μὲ τὴν ὑ­πο­στή­ρι­ξη τοῦ Ἰν­στι­τού­του Goethe. Με­τα­φρά­σεις του ἔ­χουν δη­μο­σι­ευ­τεῖ σὲ πε­ρι­ο­δι­κά.

Διαφημίσεις

Ksenia Psarú: La identidad



Ksenia Psarú


La identidad


DURANTE años cosechaba enhorabuenas deambulando por bar­ri­os abandonados: aquí habitaban miles de ojos.

       Luego, casaba lo que engendraba, a mi hijo, con cónyuges sin fronteras. No sabía a dónde se iba a vivir después. Y yo decía: «No he dado a luz a una buena criatura, gestaré otra». Antes de haberlo alumbrado, ya lo tenía inscrito en algún colegio privado y casado. Nunca lo criaba. Y siempre lo entregaba inválido a manos poco duchas en la tarea. A mis hijos solteros los mandaba a los semáforos, como los niños vagabundos, a que cosecharan aplausos y a que me los trajeran por la noche. Los metía en cajas enormes, hasta que ya no cabíamos y migrábamos a la calle siguiente. Incluso construí una piscina. Pero sin agua. Estaba también llena de cajas.

       Y siempre acababa apretujada en el cuartito de mi infancia, con mis maletas llenas de enhorabuenas. Mientras estaba allí, no daba a luz. Solo abría mis cajas. En las noches tristes, las noches de lluvia, iba a escondidas a los teatros, borraba del cartel los nombres de los protagonistas y ponía el mío. Me gustaba creer que nuestro apellido, Mevés, provenía de la por el momento desconocida dinastía de los Meveses. No podía ni respirar ni dormir. Por eso me inventaba cada día una identidad, digna de ser amada. Con los monjes era monja y con las putas, puta. Con los nadadores, nadadora, y con los intelectuales, intelectual. Y siempre me fotografiaba junto al primero. Sin esfuerzo por mi parte.

       Pero también con aquellos que lanzaban fango al primero, yo era la primera. Nadie sabía cuáles eran mis creencias. Yo tampoco. Vagaba como un refugiado por los países de los demás y como un tornado pasaba robando aplausos y me iba.

       Me llamaban: «La capital del viento». No tenía patria. Tampoco hogar.



Fuente: Primera publicación en el blog Planodion-Historias Bonsái, 13 de juniο de 2018.

Ksenia Psarú (Creta, 1961). Estudió Educación Física en Bucarest y trabaja como profesora de un instituto público. Escribe ficción y poesía. Sus poemas han sido publicados en revistas literarias. Su último libro se titula To παιδί (poesía, 2018, Εdiciones Nektarios Panagópulos).

Traducción: Ιrene Gaeta Mora.

Revisión: Konstantinos Paleologos, Eduardo Lucena y Proyecto Grequerías.

Kostís A. Makrís: Los omnipotentes



Kostís A. Makrís


Los omnipotentes


«OS proponéis hacer algo terrible, querido Fiódor Mijáilovich. ¿De verdad pensáis matar a Nastasia Filíppovna? Ya no se trata solo del crimen, que será horroroso, sino también del castigo, ¿no os da miedo? Y no me refiero solo a la justicia humana sino, sobre todo, a los insufribles remordimientos…

       «Si no os respetara y os amara como a mi propio hijo, Príncipe Mishkin, diría que lo que decís no son más que palabras de un idiota. ¿Por quién me tomáis? ¿Por un endemoniado? ¿O creéis que era un jugador empedernido al que le da igual todo? Y en última instancia, si lo hago, porque no puede ser de otra manera, ¿qué os importa a vos? ¡No soy un adolescente irresponsable bajo vuestra tutela, Príncipe! ¿Qué decís vos, querido León?».

       «¿Qué puedo decir? La vida y la muerte, la guerra y la paz, el odio y el amor; todo ello es parte de la vida, de la mente y de la naturaleza del hombre. Sin muerte no hay resurrección. Pero sin odio alguno, ¿cómo medir el amor? Yo también tuve un dilema similar con Ana Karénina. Me refiero a antes de arrojarla a las vías del tren… Pero sí, los remordimientos… La enfermedad y los remordimientos son el peor de los males. Pero estaría bien que nos diera su opinión también Antón… ¿No, Antón? ¿Qué decís, amigo?».

       «No sé… No estoy seguro. Tal vez es que a Fiódor Mijáilovich no le queda otra. Tal vez sea mejor una vida corta pero con puntos álgidos. Hablo en relación con la dejadez, el abandono, por cualquier motivo, a un desgaste neutral sin la expresión de pasión alguna, con la represión de los deseos. Pero por otra parte… La muerte… Los remordimientos… Lo admito, será terrible. Imaginaos a una gaviota enamorada muriéndose en un jardín de cerezos en flor. Y tres hermanas que le lloran. Por su pérdida pero también por sus vidas ya perdidas. Qué pena. Qué horror. Y aun así, ¡qué escena tan poderosa!».



Fuente: Primera publicación en el blog Planodion-Historias Bonsái, 27 de mayo de 2018.

Kostís A. Makrís (Atenas). Ha trabajado como pintor, diseñador gráfico, re­da­ctor y carpintero aficionado. Desde 2007 se dedica a escribir cuentos y novelas. Ha editado varios libros infantiles en la prestigiosa editorial Patakis. Es mi­em­bro en el Círculo del Libro Infantil Griego.

Traducción: Ιrene Gaeta Mora.

Revisión: Konstantinos Paleologos, Eduardo Lucena y Proyecto Grequerías.

Eli Kúsula: ¡Hombre nuevo en Kainourgio!



Eli Kúsula


¡Hombre nuevo en Kainourgio!


UEVES, 6 de febrero de 2003. Kifisiá – El Pireo. Mientras me deslizo entre las puertas que se cierran, mi mirada se detiene en un asiento libre junto a la ventana derecha. Algunas veces es como si el universo entendiese que pendes de un asiento libre junto a la ventana derecha, y te lo diera, aunque sean las nueve y las tiendas hayan cerrado y tengas que mantener, en la media hora siguiente, el equilibrio contra los bamboleos del vagón, los empujones solitarios y el entumecimiento de un día implacable.

       En frente de mí, un cuarentón arrugado sujeta una botella de dos litros de Coca-Cola, destapada. A cada poco bebe pequeños sorbos. Eructa con fuerza. Me mira a los ojos sonriendo, quiere provocar, desconcierto, asco, lo que sea, con tal de existir. Solo le devuelvo media sonrisa. Me da pena, pero estoy vacía.

       En Marusi se sube una señora a todas luces pudiente, de unos sesenta años, de punta en blanco. Se sienta a su lado.

       «Dame un euro pa comer algo».

       En contra de lo que esperaba –estaba segura de que mur­mu­ra­ría algo con desprecio para escabullirse– abre el bolso sin dudarlo y busca el euro. El mendigo se ríe en mi cara como un loco, y nada más conseguir la moneda empieza a cantar alto y claro una canción popular de la que no puedo acordarme. Nada más terminar el segundo estribillo, ante la indiferencia del público, vuelve a dirigirse a la sorpresa.

       «La Coca-Cola cuesta dos euros».

       «No debes beber tanta Coca-Cola».

       «¿Dices que no duermo por eso?»

       «La Coca-Cola tiene cafeína, por eso no puedes pegar ojo. ¿De dónde eres?»

       «De Kainourgio. A las afueras de Agrinio».

       «¿Y qué haces aquí? Atenas no es buena, en Atenas te pierdes, vuelve a tu pueblo, a partir de marzo se está muy bien en el pueblo».

       «¿Y tú te crees que quieren que esté allí?»

       «¿Qué padre no quiere a su hijo? ¿Y si nosotros los padres nos pasamos alguna vez qué importa? Nadie se preocupa por un hijo más que un padre».

       «Dice que estoy todo el día de bares».

       Se levanta bruscamente cuando las puertas se abren en Pe­trá­lo­na. Al pasar por mi ventana, ella deja caer una lágrima. Emborrona la mirada maquillada de la madame. La inquiero, deseo que diga algo.

       «Mi hijo tendría la misma edad», susurra. «¡Qué cosa más mala!».

       Llegamos a Tavros. Pasarán días hasta que consiga escaparme de la melodía de la canción que todavía no recuerdo.

       Este trayecto sale caro.



Fuente: Primera publicación en el blog Planodion-Historias Bonsái, 14 de septiembre de 2018.

Eli Kúsula (Atenas, 1979). Estudió Traducción en el British Counsil y Filología Inglesa en la Universidad Aristóteles de Salñonica. Estudia el máster en Escritura Creativa de la Universidad a Distancia de Grecia.

Traducción: Alejandro Abella González.

Revisión: Konstantinos Paleologos, Eduardo Lucena y Proyecto Grequerías.