Σπῦρος Ν. Παππᾶς: Τὸ φορτίο


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Σπῦ­ρος Ν. Παπ­πᾶς


Τὸ φορ­τί­ο


       — ΜΑ, για­τί δὲν ἀ­νά­βουν τὸ φῶς; εἶ­πε κά­ποι­ος.

       — Ἀ­κό­μα δὲν κα­τά­λα­βα, ποῦ βρι­σκό­μα­στε καὶ για­τί μᾶς ἔ­χουν ἔ­τσι στρι­μωγ­μέ­νους, εἶ­πε ἕ­νας ἄλ­λος.

       — Δὲν βλέ­πω τί­πο­τα. Βλέ­πει κα­νεὶς τὸν δι­πλα­νό του; Ἂς με­τρη­θοῦ­με φω­να­χτά, νὰ ξέ­ρου­με του­λά­χι­στον πό­σοι εἴ­μα­στε, ψι­θύ­ρι­σε ἕ­νας τρί­τος.

       — Κύ­ριοι, γιὰ τὸ μό­νο ποὺ εἶ­μαι σί­γου­ρος, εἶ­ναι ὅ­τι δὲν ὑ­πάρ­χει γυ­ναί­κα ἀ­νά­με­σά μας, ἀλ­λι­ῶς θὰ οὔρ­λια­ζε τό­σην ὥ­ρα ἀ­πὸ τὸν τρό­μο…

       Κά­ποι­οι, ἔ­βα­λαν τὰ γέ­λια.

       Πε­τά­χτη­κε, θυ­μω­μέ­να, ὁ δι­πλα­νός του:

       — Δὲν βλέ­πω τὸ ἀ­στεῖ­ο. Μᾶς ἔ­χουν κλει­σμέ­νους στὸ ἀ­πό­λυ­το σκο­τά­δι, μό­λις ξυ­πνή­σα­με, βρω­μο­κο­πά­ει, καὶ κα­νεὶς δὲν ξέ­ρει ποῦ μᾶς πη­γαί­νουν. Ἀ­κοῦ­τε τὸν θό­ρυ­βο; Εἴ­μα­στε, προ­φα­νῶς, σὲ ἀ­ε­ρο­πλά­νο, δὲν μπο­ροῦ­με νὰ κου­νη­θοῦ­με ἀλ­λὰ ἐ­σεῖς βρί­σκε­τε δι­ά­θε­ση γιὰ κα­λαμ­πού­ρια. Νι­ώ­θω σὰν νὰ μᾶς ἔ­χουν θά­ψει ζων­τα­νοὺς ἐ­δῶ μέ­σα.

       — Ἐν­τά­ξει, ἐν­τά­ξει, δὲν εἶ­ναι ἀ­νάγ­κη νὰ ἐ­κνευ­ρι­ζό­μα­στε, εἶ­πε ἕ­νας ἀ­πὸ τοὺς προ­λα­λή­σαν­τες. Ἐ­γώ, πάν­τως, συμ­φω­νῶ γιὰ ἀρ­χὴ νὰ με­τρη­θοῦ­με καὶ νὰ ξε­κι­νή­σει ὁ κα­θέ­νας μὲ τὴ δι­κή του ἱ­στο­ρί­α, μή­πως καὶ βγά­λου­με ἄ­κρη γιὰ τὸν λό­γο ποὺ κα­τα­λή­ξα­με ἔ­τσι μα­ζε­μέ­νοι.

       — Εἶ­μαι τὸ νού­με­ρο ἕ­να! φώναξε κά­ποι­ος αὐ­θόρ­μη­τα.


* * *


Ἡ δε­κά­τη ἕ­κτη Ἰ­α­νου­α­ρί­ου, ἦ­ταν μιὰ συ­νη­θι­σμέ­νη μέ­ρα γιὰ τὸν συν­τα­ξι­οῦ­χο κύ­ριο Μπρά­ουν. Τυ­λιγ­μέ­νος στὴ ζε­στὴ ρόμ­πα του εἶ­χε μό­λις φτιά­ξει τσά­ι καὶ ἁ­πλω­νό­ταν τώ­ρα σὲ μιὰ ἀ­να­παυ­τι­κὴ πο­λυ­θρό­να γιὰ νὰ ἀ­πο­λαύ­σει τὴν ἐ­φη­με­ρί­δα του, ὥ­σπου σὲ κά­ποι­α σε­λί­δα, ἀν­τί­κρι­σε τὸν πα­ρα­κά­τω τί­τλο, ὁ­μο­λο­γου­μέ­νως, μὲ κά­ποι­α δό­ση ἀ­η­δί­ας: «Λύ­ση μυ­στη­ρί­ου: 18 ἀν­θρώ­πι­να κε­φά­λια ἀ­να­κα­λύ­φθη­καν σὲ κι­βώ­τιο στὸ ἀ­ε­ρο­δρό­μιο Ο’Hare τοῦ Σι­κά­γου τὰ ὁ­ποῖ­α ἐ­πέ­στρε­φαν στὸ Ἰλ­λι­νό­ις γιὰ ἀ­πο­τέ­φρω­ση ἔ­πει­τα ἀ­πὸ τὴ χρη­σι­μο­ποί­η­σή τους σὲ ἰ­α­τρι­κὴ ἔ­ρευ­να».


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Πηγή: Πρώτη δημοσίευση.

Σπῦ­ρος Ν. Παπ­πᾶς (Ἀ­θή­να, 1975). Ἐ­ρευ­νη­τής, συγ­γρα­φέ­ας καὶ με­τα­φρα­στής. Κεί­με­να καὶ με­λέ­τες του, φι­λο­λο­γι­κοῦ, ἱ­στο­ρι­κοῦ, ἀρ­χαι­ο­λο­γι­κοῦ καὶ λα­ο­γρα­φι­κοῦ πε­ρι­ε­χο­μέ­νου ἔ­χουν δη­μο­σι­ευ­θεῖ σὲ ἔγ­κρι­τα πε­ρι­ο­δι­κὰ (Νέ­α Ἑ­στί­αΠα­λίμ­ψη­στονΠόρ­φυ­ραςΜαν­δρα­γό­ρας,ὉροπέδιοἈρ­χαι­ο­λο­γί­α καὶ Τέ­χνεςἹ­στο­ρί­α Εἰ­κο­νο­γρα­φη­μέ­νη, κ.ἄ.) καὶ σὲ ἐ­φη­με­ρί­δες (Ἡ Κα­θη­με­ρι­νήΤὰ Νέ­αἩ­με­ρη­σί­α, κ.ἄ.).


			
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Iásonas Mikronis: El mañana


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Iásonas Mikronis


El mañana


01-EpsilonSTAMOS tomando cervezas mi padre y yo en un kafenío de Ai Minás en pleno mediodía. «En todas las elecciones salen y dicen ser las más cruciales», me dice. A derecha e izquierda los mayores juegan a backgammon y en los descansos comentan los resultados de los sondeos. Veo a Plenti que sale de una callejuela y se acerca al kafenío pedaleando lentamente en su destrozadísima bicicleta. Por detrás tira de su perra peluda, la «Albania» (bautizada así por él mismo), que es enorme pero se parece a una osa domesticada e inofensiva. El enlosado humea por el calor, parece como si la bici anduviera sobre un mar aceitoso. Vi a Plenti por primera vez hace cuatro o cinco años. Yo estaba conduciendo un Honda Jazz con manos temblorosas, cuando mi profesor de autoescuela abrió apresuradamente la ventanilla y gritó a un tipo desproporcionado: “¡Hombre, Plenti, hola!”. El tipo devolvió el saludo levantando la mano de forma algo dubitativa como un escolar asustado que sabe la respuesta pero no se atreve a decirla. “¿Le conoces?”, me preguntó el profesor. Le hice una seña negativa. “Plenti”, empezó a contarme, “había tenido una gran fortuna en Albania, pero Hoxha se la expropió. Encima le encarcelaron y allí se volvió loco”. Desde entonces he oído miles de interpretaciones — típico chismorreo de provincia. Sus compatriotas dicen que era clérigo (su barba frondosa había adquirido carácter mitológico), otros que pertenecía a un grupo de jóvenes disidentes trotskistas, otros (la minoría) reconocen en él al cabecilla saguinario de las extensas purgas del último periodo del régimen. La verdad es que no vino a Grecia con la primera oleada, en los ’90. Y su griego —igual es por eso— sigue siendo paupérrimo, para ser exactos se limita a dos palabras: Albania y mañana. Ha enganchado una neverita de goma espuma a la parrilla de su bicicleta llena de pescaditos pequeños (sargos, lubinas y morragutes) que ha estado pescando con sedal en el puente de Ponte. Recorre la ciudad de Lefkada con su frondosa «Albania» siguiéndole fielmente, e intenta vender su mercancía. Pero no suelen comprarle nada. Mueven negativamente la cabeza. Y Plenti recurre entones, desolado, a su escaso griego: “¿Mañana, eh?”. Así que hoy, día de elecciones, Plenti irrumpe en el kafenío con dos lubinas en la mano, como muestra. Va de mesa en mesa como una bola de pinball. Todos, por supuesto, lo rechazan. “¿Mañana?”, sugiere él, “mañana”, se ríen los bebedores. En ese momento sale el primer exit poll, todos en el kafenío se autorreprimen para ver. Un hombre mayor le grita desde el fondo para picarle: “Plenti, ¿has votado?”. Plenti no responde. El otro insiste: “Plenti, hombre, ¿has votado?”. Plenti mete las muestras en la neverita y levanta la pata de cabra a su tremulosa bicicleta. «Albania» le lame el pie. Se sienta cómodamente en el sillín, respira hondo y mira, como pensando, al viejo.

       Y le dice proféticamente:

       “Mañana”.


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Fuente: primera publicación en el blog Planodion – Historias Bonsái (22 de oc­tubre de 2015).

Iásonas Mikronis (Atenas, 1990). Estudió Lengua Inglesa y Filología en la U­ni­versidad de Atenas y guitarra clásica en el conservatorio de Atenas. Vi­ve en Lefkada.

Traducción: Naiara García Fernández.

Revisión: Konstantinos Paleologos.


Aléxandros Gramatikós: Sin días libres


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Aléxandros Gramatikós


Sin días libres


04-Ro-385px-P_Illuminated_LetterONÍA el pie por primera vez en Grecia después de tres años en el extranjero, al otro lado del mundo, en Sidney. Aterrizamos en el Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos al mediodía. Atasco en la cola para coger un taxi, pero ordenado. Detrás de mí había un joven, puede que tuviera la misma edad que yo. Acababa de llegar de Canadá, Montreal, donde había pasado cuatro años. Trabajábamos sin días libres, nonstop, para saldar nuestras deudas, para enviar aquí algún dinerillo, para comer y para ahorrar algo. Actos que eran reflejos de la incertidumbre, temíamos perder el trabajo.  “Como un sueño”, estábamos los dos de acuerdo, “como si no hubiera pasado ni un minuto desde que nos marchamos, como si fuera ayer”. Estábamos en la misma ciudad con un permiso de 20 días. Yo cocinero, él chico de la limpieza. Quizás volviéramos al trabajo, quizás no. Quizás si encontráramos trabajo aunque fuera mal pagado juráramos no volver al otro lado del mundo. Decíamos las mismas cosas, sonábamos como el eco, como si fuéramos el mismo hombre. Le miré a los ojos para asegurarme de que no era un reflejo, le di una palmadita en la espalda. Compartimos el taxi al centro de Atenas los dos. Él iba a Ampelókipi, yo a Exarjia. Coincidencia, sincronismo, todo funcionaba con la precisión de un reloj. Antes de llegar a la calle Panormou el taxi se quedó parado, atasco monumental.  Era el Día Mundial contra el Racismo y había una marcha antirracista en el centro. Para los emigrantes, los exiliados, los que son diferentes y los que no. Por una vida digna para todos y todas, vengan de donde vengan y vayan a donde vayan. Había muchas pancartas, las consignas eran claras. El taxi no se movía del sitio. El taxista quiso decir algo, pero no le dio tiempo, lo paró el mismo gesto reflejo, nuestras manos en su hombro. No me importaba ni cuándo ni cómo saldríamos de este atasco, y al otro tampoco. Atrapados en la carretera. No me importaba incluso perder todas las vacaciones, al carajo. Se bajaron las ventanillas para que entrara aire fresco y estuvimos escuchando los eslóganes pacientemente.


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Fuente: primera publicación en el blog Planodion – Historias Bonsái (10 de o­ctubre de 2015).

Aléxandros Gramatikós (Tesalónica, 1969). Estudió Economía en la U­ni­ver­sidad Aristóteles de Tesalónica e hizo un máster en la Universidad de Ports­mouth, Inglaterra. Ha trabajado en el campo de la comunicación pu­bli­ci­taria. Λά­θρα Beach καὶ ἄλ­λα δι­η­γή­μα­τα (Editorial: Νη­σί­δες, 2009) es su primer libro.

Traducción: Naiara García Fernández

Revisión: Konstantinos Paleologos

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Γραμματικὸς Ἀλέξανδρος, Gramatikós Aléxandros [στὴν μητρική: Ἕλληνες συγγραφεῖς στὰ ἰσπανικά]