Κωνσταντῖνος Παλαιολόγος: Escritores Griegos en Español


Escritores Griegos En Español


Κωνσταντῖνος Παλαιολόγος


Escritores Griegos en Español

Τὸ ἑλ­λη­νι­κὸ μι­κρο­δι­ή­γη­μα

τα­ξι­δεύ­ει στὸν ἰ­σπα­νό­φω­νο κό­σμο


04-Taph-489px-Comic_History_of_Rome_p_107_Initial_TΟ ΙΣΤΟΛΟΓΙΟ Πλα­νό­διον – Ἱ­στο­ρί­ες Μπον­ζά­ι εἶ­ναι ἕ­να μέ­σο πραγ­μα­τι­κὰ πρω­το­πό­ρο σὲ πολ­λοὺς το­μεῖς: ἀ­πο­τε­λεῖ τὴν πρώ­τη προ­σπά­θεια ἀ­φε­νὸς ὁ­λο­κλη­ρω­μέ­νης κα­τα­γρα­φῆς τῆς ὑ­περ­σύν­το­μης ἀ­φή­γη­σης στὴν Ἑλ­λά­δα καί, ἀ­φε­τέ­ρου, ἀ­να­λυ­τι­κῆς πα­ρου­σί­α­σης ση­μαν­τι­κῶν ξέ­νων δη­μι­ουρ­γῶν στὴ χώ­ρα μας, κα­θὼς καὶ ἑλ­λή­νων συγ­γρα­φέ­ων στὸ ἀγ­γλό­φω­νο κοι­νό. Ἀ­πὸ σή­με­ρα ἔ­χει ἕ­ναν ἀ­κό­μα λό­γο νὰ ὑ­πε­ρη­φα­νεύ­ε­ται: ἐγ­και­νιά­ζει τὴν ἑ­νό­τη­τα τῆς δη­μο­σί­ευ­σης ἑλ­λη­νι­κῶν μι­κρο­δι­η­γη­μά­των με­τα­φρα­σμέ­νων στὰ ἰ­σπα­νι­κά. Δὲν χρει­ά­ζε­ται νὰ ἀ­να­φερ­θοῦ­με οὔ­τε στὴ σπου­δαι­ό­τη­τα αὐ­τῆς τῆς γλώσ­σας γιὰ τὴν παγ­κό­σμια λο­γο­τε­χνί­α οὔ­τε στὸν ἀ­ριθ­μὸ τῶν λα­ῶν ποὺ τὴν ὁ­μι­λοῦν. Αὐ­τὰ εἶ­ναι πράγ­μα­τα γνω­στά. Αὐ­τὸ ποὺ δὲν εἶ­ναι ἰ­δι­αί­τε­ρα γνω­στὸ εἶ­ναι τὸ ἑλ­λη­νι­κὸ μι­κρο­δι­ή­γη­μα καὶ οἱ δη­μι­ουρ­γοί του στὸν ἰ­σπα­νό­φω­νο κό­σμο. Τὸ ἐν λό­γῳ κε­νὸ ἔρ­χον­ται νὰ τὸ κα­λύ­ψουν, σὲ συ­νερ­γα­σί­α μὲ τὸ Ἱ­στο­λό­γιο, τὸ Τμῆ­μα Με­τά­φρα­σης καὶ Δι­ερ­μη­νεί­ας τοῦ Πα­νε­πι­στη­μί­ου τῆς Μά­λα­γας καὶ τὸ Τμῆ­μα Ἰ­τα­λι­κῆς Φι­λο­λο­γί­ας τοῦ Ἀ­ρι­στο­τε­λεί­ου Πα­νε­πι­στη­μί­ου Θεσ­σα­λο­νί­κης. Ἡ συ­νερ­γα­σί­α τῶν δύ­ο Τμη­μά­των, σὲ προ­πτυ­χια­κὸ καὶ με­τα­πτυ­χια­κὸ ἐ­πί­πε­δο, προ­βλέ­πει, με­τα­ξὺ ἄλ­λων, τὴ με­τά­φρα­ση ἑλ­λη­νι­κῶν μι­κρο­δι­η­γη­μά­των (ποὺ τὸ πρω­τό­τυ­πό τους ἔ­χει δη­μο­σι­ευ­τεῖ στὸ Ἱ­στο­λό­γιο) στὰ ἰ­σπα­νι­κά. Ἡ ἀρ­χὴ ἔ­γι­νε μὲ πέν­τε μι­κρο­δι­η­γή­μα­τα τῶν Ἀν­τώ­νη Σου­ρού­νη, Σω­τή­ρη Δη­μη­τρί­ου, Γιά­ννη Πα­λα­βοῦ, Ὄλ­γας Πα­πα­κώ­στα καὶ Στέλ­λας Ἀ­λε­ξο­πού­λου. Θὰ ἀ­κο­λου­θή­σουν, ἐλ­πί­ζου­με, πολ­λὰ ἀ­κό­μα στὸ προ­σε­χὲς μέλ­λον. Σὲ κά­θε δη­μο­σί­ευ­ση θὰ ἀ­να­φέ­ρον­ται ἀ­να­λυ­τι­κὰ ὅ­λοι οἱ συν­τε­λε­στὲς τῆς με­τά­φρα­σης, κα­θὼς καὶ τῆς ἐ­πι­μέ­λειας τῆς με­τά­φρα­σης. Σὲ αὐ­τὸ τὸ εἰ­σα­γω­γι­κὸ ση­μεί­ω­μα, ὅ­μως, νι­ώ­θω τὴν ὑ­πο­χρέ­ω­ση νὰ ἐκ­φρά­σω τὴν εὐ­γνω­μο­σύ­νη μου στοὺς συ­να­δέλ­φους κα­θη­γη­τὲς τοῦ Πα­νε­πι­στη­μί­ου τῆς Μά­λα­γας καὶ με­τα­φρα­στές, Βι­θέν­τε Φερ­νάν­τεθ Γκον­θά­λεθ, Ἰ­ω­άν­να Νι­κο­λα­ΐ­δου καὶ Μα­ρί­α Λό­πεθ Βι­γιά­λμπα, οἱ ὁ­ποῖ­οι ἐ­δῶ καὶ χρό­νια στη­ρί­ζουν μὲ τὸ ἔρ­γο τους τὴν πα­ρου­σί­α τῶν ἑλ­λη­νι­κῶν γραμ­μά­των στὴν Ἰ­σπα­νί­α καὶ ἀγ­κά­λια­σαν, μὲ τὸ γνω­στὸ ζῆ­λο καὶ τὴ δη­μι­ουρ­γι­κό­τη­τά τους, καὶ αὐ­τὴ τὴν προ­σπά­θεια.

Bonsai-03c-GiaIstologio-04


Πηγή: Πρώτη δημοσίευση.

Κων­σταν­τῖ­νος Πα­λαι­ο­λό­γος (Ἀ­θή­να 1963). Ἐ­πί­κου­ρος κα­θη­γη­τὴς Με­τα­φρα­σε­ο­λο­γί­ας στὸ Ἀ­ρι­στο­τέ­λει­ο Πα­νε­πι­στή­μιο Θεσ­σα­λο­νί­κης. Δι­δά­σκει, ἐ­πί­σης, Ἰ­σπα­νι­κὴ Λο­γο­τε­χνί­α στὸ Ἑλ­λη­νι­κὸ Ἀ­νοι­κτὸ Πα­νε­πι­στή­μιο. Ἔ­χει με­τα­φρά­σει ἀ­πὸ τὰ ἰ­σπα­νι­κὰ στὰ ἑλ­λη­νι­κὰ ἔρ­γα τῶν Ἐ. Σάμ­πα­το, Μ. Ἀλ­το­λαγ­κί­ρε, Ἰ. Ἀλ­δε­κό­α, Μ. Βάθ­κεθ Μον­ταλ­μπάν, Χ. Γι­α­μα­θά­ρες, Ρ. Τσίρ­μπες, Χ. Ἀ­γέ­στα, Λ.Μ. Πα­νέ­ρο, Σ. δὲ Τό­ρο, Ἀ. Μπρά­ις Ἐ­τσε­νί­κε, Ἀ. Τρα­πι­έ­γιο, Ἀ. Γκα­μο­νέ­δα, Σ. Πά­μι­ες καὶ Ἀ. Κου­έ­το με­τα­ξὺ ἄλ­λων.


		
Advertisements

Antonis Surunis: Lola


20-DiigimataMe300Lekseis-AntonisSourounis-Eikona-01


Antonis Surunis

 

Lola

 

04-F-Century_FIRMABA EN UNA LIBRERÍA en Salónica mi último libro y de reojo la vi de pie, esperando un poco alejada con el libro en las manos. No parecía una lectora fanática y supuse que sería una jugadora fanática, de esas que pierden su juventud y su fortuna en la ruleta, que se vio identificada en mi novela.

    — ¿No te acuerdas de mí? –me preguntó al acercarse.

    Sus ojos estaban humedecidos y su sonrisa triste. Me miraba como si mirase un árbol en cuyo tronco nos apoyamos, cierta vez, para besarnos.

    — Así que no se acuerda de mí… –murmuró.

    Sacó de su bolso un sobre doblado y me lo dio. No llevaba sello pero reconocí mi letra. Me extrañó ver lo diferente que era mi escritura entonces. «Sargento Antonis Surunis» ponía, más o menos. El nombre femenino de la destinataria no me decía nada.

    — Perdón… –dije bastante avergonzado–. ¿No me ayuda un poco?

    — Soy Lola –respondió más avergonzada que yo.

    Habían transcurrido treinta años, sin embargo, debería acordarme de ella. Porque fue Lola la que una mañana tiró a la basura el slip que llevaba y, me lanzó a las manos un paquete de boxers estadounidenses.

    — ¡Estos son los que debes ponerte y no aquellos calzoncillos!

    Tenía como unos 10 años más que yo y pensé si sabía qué no tenía que ponerme, sabría qué debería ponerme. La verdad es que debería recordarla dos, ¿qué digo? ¡cinco veces al día! Como recuerdo, cuando estoy de corbata, a la que me la desató. Era de mi padre y la llevaba para parecer de su misma edad y no un colegial. Me la quité con cuidado para no estropear el nudo y ella de inmediato me la agarró de las manos y la desbarató.

    — ¿Pero qué haces? –le pregunté asustado–. ¿Y ahora cómo me la anudo?

    — ¡Ya aprenderás…! –dijo tranquilamente mientras se des­nu­da­ba–. Tienes todo el tiempo del mundo para aprender.


Bonsai-03c-GiaIstologio-04


Fuente: Primera publicación: periódico Ta Nea, sábado, 27 de agosto de 1994.

Antonis Surunis (Salónica, 1942). Prosista. Después de terminar la educación secundaria se marchó a Alemania, donde –tras cursar algunos semestres en universidades alemanas y austriacas– se dedicó a diversas profesiones ocasionales. Publicó su primera novela: Οι συμπαίχτες [Los compañeros de juego] en 1977; a partir de entonces, siguieron más cuentos y novelas.

La traducción colectiva es producto del taller de Traducción Literaria del español al griego y del griego al español organizado por Konstantinos Paleologos y Enrique Íñiguez Rodríguez bajo la égida del Departamento de Lengua y Filología Italianas de la Universidad Aristóteles de Salónica en colaboración con la Unión Hispanohelena de Lengua y Cultura que se realizó en Salónica del 22 abril al 20 de mayo de 2015. Participaron los estudiantes: Sandra Armero, Juana Barrios, Χρίστος Βασιλειάδης, Marisol Fuentes, Αικατερίνη Ιορδανοπούλου, Ζωή Καραγιώργου, Αλεξάνδρα Κουρκουμέλη, Gabriela Larrieux, Ματθίλδη Σιμχά, Εύα Τοπάλογλου.



		

	

Olga Papakosta: A Tu Salud


Papakosta,Olga-ESY-Eikona-04


Olga Papakosta

 

A Tu Salud


02-F-430px-F_comme_feuille_svgALTAN TRESCIENTOS setenta números para que en el panel aparezca el mío en dígitos rojos como en una pesadilla de pronto algo te va a pasar funcionarios que se abanican con periódicos de ayer o se sientan en los escalones sobre sus radiografías malditos genes qué pinto yo aquí meto el papelito en la cartera y pienso que si no me voy ahora mismo voy a ser soy como ellos calculo cuántos por hora doscientos el promedio de espera y tal volveré cuando pueda la de delante se da la vuelta y me mira mal porque su número es todavía mayor que el mío saco el móvil del bolso pero él no contesta giro en la calle Tritis Septembríu me quedo parada en el semáforo menos mal que me he puesto protector solar hago como que no tengo palpitaciones llevo un libro uno de Roth a ver si encuentro una cafetería en la calle Patisíon se llama Commercio y Señor pido un descafeinado y sigo por donde lo dejé ayer un viejo enamorado de una lesbiana la lleva a la peluquería le compra ropa cara acabará suicidándose con su escopeta hay mucho jaleo y ahora qué hago me quedo un poco más en mi personaje Simon Axler hace tiempo era actor pero perdió el talento el largo viaje del día hacia la noche resultó el viaje de un largo día hacia la noche en la década de los ochenta los traductores no eran tan precisos esa obra se representó hace tiempo en Salónica al salir de Letras veía el título en la marquesina del teatro desde la ventanilla del autobús pero un momento allí no había ningún teatro se me va a olvidar mi ciudad enciendo un cigarrillo ya que en la mesa de al lado una familia de tres también está fumando el hijo lleva un pendiente en la nariz habla con la madre rubia de bote con raíces blancas y el marido con combolói tengo que ir al baño en la segunda planta escalera moverse qué pereza no hace falta echar el pestillo por suerte está limpio brillante y blanco como un quirófano casi oigo mi corazón más vale darse prisa rrrrras cremallera lavar manos compraré agua y dejaré propina nadie me va a quitar padre nuestro que estás en los cielos gracias adiós la sanidad pública a ver quién vuelve ahora a la calle Macedonia llegué de Macedonia y me puse enferma pero soy el seiscientos noventa y cuatro los he vencido me van a atender ya lo del suicidio del viejo lo leeré mañana


Bonsai-03c-GiaIstologio-04


Fuente: No todavía Carmen [Poemas] (Ediciones Patakis, 2013).

Olga Papacosta (Salónica, 1966). Estudió Filología Clásica en la Univesidad Aristóteles de Salónica. Vive y trabaja en Atenas. Ha traducido Tusculanae Disputationes de Cicerón (Okeanida, Atenas, 2003-4). Όχι ακόμη Κάρμεν [Aún no Carmen] es su primer libro.

La traducción colectiva se llevó a cabo en el marco de la asignatura «Traducción General II, español-griego / griego-español» de los estudios de grado en Traducción e Interpretación de la Universidad de Málaga, curso académico 2014-15, bajo la coordinación y supervisión de los profesores María López Villalba, Ιoanna Νicolaídou y Κonstantinos Pale­o­lo­gos. Parti­ci­paron los estudiantes: Sadi Amro Rodríguez, María Lio­si, Ro­ber­to Luque Schoham, Cristina Ocete Montoro,Rocío Sánchez González, Susana Sánchez Rodríguez, Desirée Sánchez Rosa, Like Shermadhi, Da­nai Tachtara.


Yanis Palavós: Password


Palabos,Giannis-Password-Εικονα-02


Yanis Palavós

 

Password


04-Delta-590px-Dilluminated_svgURANTE dos veranos enteros, cuando iba al pueblo de vacaciones, robaba la red del vecino. Al principio la tenía abierta, sin clave. Cuando descubrió que alguien se la robaba, le puso contraseña. Un día en la cafetería le pregunté su fecha de nacimiento, chorradas de que quería saber su signo zodiacal. Volví a casa y tecleé los números. Dos veranos así estuve descargándome música. Incluso una tarjeta de felicitación pensé en mandarle por su cumpleaños. Hoy, 12 de junio de 2009, en cuanto me han dado permiso, he cogido el autobús para ir al pueblo. Llego y veo enfrente un ataúd. Le hago señas a mi madre. «Lo pilló un coche», dijo. «Una injusticia, tan joven». Subí a mi habitación, encendí el ordenador y tecleé la contraseña: seguía funcionando.


Bonsai-03c-GiaIstologio-04


Fuente: Primera publicación en el blog Planodion – Historias Bonsái (13 de a­go­sto de 2010)

Yanis Palavós [Γιάννης Παλαβός] (Velvendos, Kozani, 1980). Estudió Periodismo en la Universidad Aristóteles de Salónica y Gestión Cultural en la Universidad de Pantio. Ha publicado las colecciones de relatos Αληθινή αγάπη και άλλες ιστορίες, (Intro Books, 2007) [Amor verdadero y otras historias] y Αστείο (Nefeli, 2013) [La broma]. Sus relatos han sido publicados en revistas como To Δέντρο(Δέ)καταΕντευκτήριο y otras.

Traducción: Cristina Ocete

La traducción es producto de las clases de traducción literaria del español al griego y viceversa que imparte Konstantinos Paleologos en el Departamento de Filología Italiana de la Universidad de Aristóteles de Salónica.



		

	

Sotiris Dimitríu: Te mataré


Dimitriou,Sotiris-ThaSeSkotoso-Eikona-02


Sotiris Dimitríu

 

Te mataré


16-AlphaAQUEL QUE DIJO que Dios te guarde del mal momento, algo grave le habrá pasado, así como me pasó a mí.

Por aquel entonces, trabajaba en un local como camarero. De noche. Al final de la calle Ipokratus estaba el local.

    No tenía quejas ni de mi jefe ni de ningún cliente. Pero el cocinero desde el primer momento no me tragó. Haz esto, haz lo otro, continuamente como para no tomar respiro ni un momento.

    No me molestaba el trabajo, sino que me tenía siempre el ojo encima como un perro malo. Por mi nombre nunca me llamaba. Venga so cateto, y venga so cateto, la Albania que os parió, me decía.

    Se convirtió en una pesadilla. Iba a casa a dormir pero no podía pegar ojo.

    Algunas veces intenté calmarlo a mi manera y se reía extraño.

    Entonces me enfermé por dentro. Buscaba encontrar la forma de matarlo.

    Una noche me sacó de quicio. Terminé de trabajar, salí del local y le vi el ojo encima de mí como si yo no existiera, como si fuera una lacra.

    Tiré para casa de un amigo que vivía en Dafni. Llovía sin parar.

    Desde el final de Ipokratus después hasta plaza Síntagma iba en medio de la calle trastornado, como loco. Todos los conductores me gritaban y me hacían cortes de mangas.

    Llegué a Síntagma, esperaba en la parada. Al cabo de un tiempo, se detiene un coche delante de mí, me pita y el conductor abrió la puerta del copiloto. Ven, me dice, sube. Era el cocinero.

    Otra persona. Me preguntaba por qué estás empapado, cómo di­a­blos te has puesto así. Yo le decía que no quiero sacarte de tu camino. No pasa nada, te llevo donde tú quieras, sube. Otra persona, pero a mí el odio no se me había ido para nada.

    Al inicio de Vuliagmeni, íbamos a paso de tortuga. Sábado por la noche el tráfico estaba colapsado.

    Ahí donde estábamos parados, qué me agarró y voy y le digo quiero matarte.

    No me dijo nada, ni qué ni cómo. Se quedó mudo.

   Tras unos quinientos metros, que estábamos otra vez parados, abrí la puerta y me bajé.


Bonsai-03c-GiaIstologio-04


Primera publicación en el blog Planodion – Historias Bonsái (17 de mayo de 2012).

Sotiris Dimitríu (Povla Tesprotías, 1955). Escritor de cuentos y novelas. Vive y trabaja en Atenas. Sus últimos libros: Η σιωπή του ξερόχορτου [Εl silencio de la hierba seca] (2012) y Κοντά στην κοιλιά [Cerca de la barriga] (2014).

La traducción colectiva es producto del taller de Traducción Literaria del español al griego y del griego al español organizado por Konstantinos Paleologos y Enrique Íñiguez Rodríguez bajo la égida del Departamento de Lengua y Filología Italianas de la Universidad Aristóteles de Salónica en colaboración con la Unión Hispanohelena de Lengua y Cultura que se realizó en Salónica del 22 abril al 20 de mayo de 2015. Participaron los estudiantes: Sandra Armero, Juana Barrios, Χρίστος Βασιλειάδης, Marisol Fuentes, Αικατερίνη Ιορδανοπούλου, Ζωή Καραγιώργου, Αλεξάνδρα Κουρκουμέλη, Gabriela Larrieux, Ματθίλδη Σιμχά, Εύα Τοπάλογλου.



		

	

Stela Alexopulu: Café bizantino


Aleksopoulou,Stella-ByzantinosKafes-Eikona-01


Stela Alexopulu

 

Café bizantino

 

05-cUANDO LLEGABA COJEANDO, proyectaba una mala sombra imper­ce­pti­ble, a pesar de estar siempre sonriente, solícita y amable; por encima de todo «una señora». Exhalaba olor a jabón de Marsella, el brillo y el deterioro de pobreza llevada con dignidad con un barato vestido negro de algodón todo el verano –lo tenía como promesa, estaba de luto hasta el quince de agosto– y en invierno con una boina tejida puesta un poco ladeada en su inclinada cabeza, cada vez que, renqueando, iba a sus diversos quehaceres con lluvia, con frío, con calor.

       Era una cocinera excepcional; te tejía y te confeccionaba todos los encargos que le hicieras. Los sábados cuidaba a niños pequeños cuando sus padres en alguna ocasión trasnochaban y las amas de casa le pedían ayuda, pues era honrada, discreta, correcta en su trabajo, y cobraba poco. Cada domingo la veías subir, como un barco a punto de escorar, los peldaños de la iglesia, y luego la encontrabas sentada en la misma banca.

       Cuando trabajaba, siempre se tomaba un pequeño descanso, y se preparaba un café turco, como decíamos antes; ella, sin embargo, lo llamaba bizantino, y leía en el poso de tu taza que ibas a atravesar una puerta grande. Todo el año, de madrugada y a la medianoche, lo primero y lo último que hacía, rezaba sus oraciones, con el cuerpo vuelto hacia oriente. Así lo había aprendido de su madre en Esmirna, y cuando llegó a Mitilene en 1922, huérfana y lisiada –su fracturada cadera nunca fue operada correctamente–, se giraba hacia oriente, a la familia que le quedaba: a nuestro Señor Jesucristo y a nuestra Virgen Madre.

       En la época de la ocupación nazi, un soldado italiano fue el único que prestó atención a la niña coja. Le cantaba canciones italianas; se casaría con ella, se la llevaría a Italia, sin embargo, su barco se hundió con toda la tripulación. Nunca supo, pues, si habría mantenido o no su promesa. En su bolso llevaba una fotografía amarillenta abrazada a él – reflejaba una belleza inesperada.

       Se iba envejeciendo; no veía –problema de cataratas– y no tenía dinero, al igual que cuando era niña con su problema en la cadera, para ser operada. Una criatura de seis años, emigrante del Asia Menor, una más entre los tantos huérfanos del 22. Con «El fin de la historia», en 1992, una anciana más, expulsada de su viejísima casita, en la que había vivido durante cuarenta años, porque la echaban para construir un bloque de pisos. Dormía en cada casa donde aún le daban trabajo y, por lástima y medio de mala gana, le cedían un sofá por una noche, del cual se levantaba al amanecer, diríase que de prisa y con sentimiento de culpa. Causaba daños, no podía coser, no daba abasto con los niños. Poco a poco, nosotros también dejamos de darle trabajo – era  poco rentable.

       Bastante tiempo después, un poco antes de las Navidades del ’96, fui a encontarla cuando me dijeron que quería verme. La había recogido una parienta vieja. La hallé, arrugada, pálida, microscópica, en una cama de hierro. Sonriendo me dijo:

       ¿Recuerdas que te dije que en el poso de tu taza veía coronas nupciales?, ¿que se casaría contigo? ¿Por qué no te casaste con él, hija? Era una buena persona, Luciano. Él te quería y tú no le diste el sí. Se acabó. Murió.

       Ay, mi niña, ¿te duele la pierna? ¿Qué te ha pasado, mi niña? ¿Qué te hicieron esos tres veces malditos? Criatura tan pequeña, y les viste como lobos violar riéndose a tu madre muerta…

       Te recuerdo mi niña llorando:

       ¿Dónde está mi mamá? ¡ Quiero a mi mamá!! ¡Se han llevado a mi mamá!! ¿A dónde se la llevan?

      Pobrecita, lloraste durante toda la noche; nada te tranquilizaba, se me partía el co­ra­zón; hasta que te santigüé y te dije: Allí está el oriente, ¡allí está nuestro Dios Jesucristo y nuestra Madre, la Virgen!

       ¿Recuerdas, hija mía? ¿Lo recuerdas?

       Le dije que sí, que recordaba, y que dentro de poco se me­jo­ra­ría, que me prepararía el café bizantino y que me leería el fondo de la taza.

       Sonreía continuamente y me decía:

       Eras una buena muchacha, ¿qué te han hecho? ¡Tengo el co­ra­zón destrozado! ¿Por qué no te casaste con él, mi niña? ¿Por qué?

       Le cogí las manos un momento, le dije que volvería y así fue. Pocos días des­pués la vi en la iglesia, un día frío de enero. En su féretro. Estaba des­cu­bier­to, como requiere la tradición ortodoxa, y mi corazón se puso en su sitio, porque miraba hacia oriente.


Bonsai-03c-GiaIstologio-04


Fuente: Primera publicación en el blog Planodion – Historias Bonsái (15 de novi­e­mbre de 2013).

Stela Alexopulu (Karatsi Pakistán, 1948). Estudió Filosofía y Filología Inglesas en la Facultad de Letras de la Universidad de Atenas. Realizó estudios de posgrado en Literatura y lingüística inglesas en las Universidades de Oxford, Lancaster e East Anglia en Inglaterra. Trabajó como profesora en la educación superior y como traductora.

Traducción: Marisol Fuentes

Revisión: Enrique Íñiguez Rodríguez – Κωνσταντῖνος Παλαιολόγος